Jesús

Jesús

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Este post es la quinta parte de una serie que se llama “fe sencilla” que tiene el propósito de destacar los conceptos sencillos de la fe cristiana. Se puede ver los primeros posts por los siguientes enlaces:  Fe sencilla,  Dios, y La Biblia, y El pecado y la muerte.

Nota: Escogí la foto arriba porque muestra una imagen “tradicional” de Jesús y un modelo de cómo se probablamente veía a Jesús basado en las características estándares de la gente semítica de esa época. A veces tengo problemas con la imagen “perfecta” (y muy caucásico) de Jesús que usamos. Este no es el enfoque de este post, pero me parece interesante. Por una descripción breve de cómo se probablamente veía Jesús, y cómo se vestía, etc., se puede leer este artículo breve de la BBC.

En esta parte de la serie de “fe sencilla”, llegamos al corazón del cristianismo – la persona y la obra de Jesús. 

Las opiniones en cuanto a Jesús son muchas y variadas. Cristianos dicen que él es divino – el hijo de Dios. Otros creen que era una persona histórica, pero sus opiniones varían mucho desde ahí – un místico espiritual? un maestro de sabiduría (un sabio)? un obrador de milagros? un profeta o maestro que fue malentendido por sus seguidores, quienes “mejoraron” sus enseñanzas y historias para hacerle el hijo de Dios? Hay muchas opiniones. Aun hay un grupo (aunque pequeño) que declara que él nunca existió.

Con todas estas perspectivas diferentes, puede ser muy complejo entender quién es Jesús. Hay un sinnúmero de tomos y cantidades inmensas de tinta usada para tratar de explicarlo. Pero también puede ser muy sencillo entender quién era Jesús. Lo he dicho así: Dios se hizo humano en la persona de Jesús para pagar el precio por nuestros pecados y restaurar nuestra relación con Dios. Examinamos esta idea brevemente.

¿Una vez has mirado a un animal, tal vez un perro, y deseado comunicarte con ello? Eso sería increíble. Definitivamente la manera más fácil para hacerlo sería convertirse en ese animal. Por hacer eso, podrías comunicarte con ello, y ello contigo. Aunque esta no es una analogía perfecta, básicamente, esto es lo que dice el cristianismo que pasó. Dios se hizo humano. Jesús era completamente humano – nació, creció, comía, dormía, caminaba por aquí y por allá, y eventualmente murió como cualquier otro humano.

Pero a la misma vez, era Dios, mostrado por lo que él hacía y decía. Lo vemos en varias maneras – uno piensa automáticamente en las curaciones que hacía, los demonios que echaba, y su control sobre la naturaleza. Pero aparte de esas cosas, también lo vemos haciendo otras cosas que pertenecen a Dios – perdonar los pecados, aceptar alabanza, declararse el Señor del sabbat, hablar como si sus palabras fueran más definitivas y autoritarias que las Escrituras judías (el Antiguo Testamento), referir a Dios como su Padre (en vez de “nuestro padres” como evidentemente hacían los judíos), etc. Y sus declaraciones en el libro de Juan son aun más definitivas – yo soy el camino, la verdad y la vida…, yo soy la resurrección y la vida…, yo soy el pan de vida.., el Padre y yo somos uno…, antes de que Abraham naciera, Yo Soy [el nombre judío por Dios]….

Y obviamente, hay la resurrección. Esta es el factor clave del cristianismo – el momento cuando Jesús mostró que era más que un profeta sencillo o un sabio. Claro, uno no puede evitar que la fe sea necesaria para creer que él resucitó, pero definitivamente es la explicación más sencilla por el surgimiento del cristianismo. Cualquier otra explicación nos requiere a ignorar o revisar los evangelios que tenemos (para eliminar la divinidad de Jesús) o crear otras teorías complicadas para explicar el nacimiento del cristianismo. Y aunque es obviamente difícil creer que alguien resucitó de entre los muertos, no es más difícil que creer que Dios existe o que él se hizo humano.

Pero no es solamente su existencia y naturaleza que son importantes. La ultima vez hablamos de que nuestros pecados tienen consecuencias. Aunque nos enfocamos principalmente en las consecuencias destructivas (internas y externas), también hay que mencionar que los pecados casi siempre traen alguna forma de castigo. Si un niño dice una mentira y sus padres se dan cuenta, lo van a castigar. Si un empleo roba de su compañía y sus jefes se enteran, va a ser castigado (probablamente despedido!). Y alguien que comete un crimen va a ir a la cárcel. Aunque el castigo inicialmente se dirige a corregir, eventualmente, si el problema no se rectifica o cambia, el castigo se convierte en algo permanente – sea la pérdida de una relación o el empleo, encarcelamiento de por vida o aun (en algunos lugares), la ejecución. No estoy argumentando a favor o en contra de cualquier forma de castigo, solamente estoy reconociendo lo que todos sabemos: el comportamiento malo tiene consecuencias – el castigo. Uno no puede permitir a alguien a seguir con su comportamiento malo sin corrección. Y si ellos niegan a cambiar, tarde o temprano, es necesario quitarles de tu presencia o de la sociedad. De igual manera, el cristianismo sostiene que nuestros pecados merecen ser castigados, que es completamente constante con nuestro sentido de justicia. Esperamos esto de nuestros padres o liderazgo, entonces ¿por qué no de Dios? Pero la buena noticia de Jesús es que él mismo, que no mereció el castigo, lo tomó por cada uno de nosotros.

De cierta manera, esto parece difícil de comprender, pero en la realidad, conocemos bien este concepto. ¿Quién no ha visto una película o leído una historia donde una persona se sacrifica o por el beneficio de otros? De la misma manera, conocemos el concepto de una persona aceptando el castigo por otro (algo muy similar). Aunque la regla general es que cada persona debería pagar por sus propios pecados, reconocemos que a veces, sobre todo cuando el pecado es demasiado fuerte, tanto el castigador como el sentido de juicio se puede satisfacer a través de alguien ofreciéndose a sí mismo de parte de otro, pagando la multa o aceptando el castigo.

Esto es lo que encontramos en la historia de Jesús. Por amor, él se ofreció para tomar nuestro castigo. Y Dios derramó su ira y su castigo sobre él. Al hacerlo, se sirvió justicia. Pero por tomar este castigo por sí mismo en la persona de Jesús, Dios fue tanto el castigador como el castigado. Hemos visto y entendido el amor de Dios, y también su ira hacia el pecado.

(Como nota aparte, pero una importante, la ira es la emoción apropiada hacia el pecado. Piensa en cómo nos reaccionamos como padres cuando uno de nuestros hijos nos desobedece, sobre todo si lastima a otro de nuestros hijos. Nos enojamos. El pecado destruye a nosotros, a otros, y a las relaciones que tenemos, y tenemos razón como padres enojarnos y castigarlos de manera apropiada. Igualmente, Dios expresó su disgusto hacia el pecado y derramó su ira sobre Jesús, también prometiendo ira en el juicio final en el futuro por los que no se arrepientan. Odiamos la idea de la ira cuando hablamos de Dios, pero estamos muy rápidos a vivenciar (y justificar!) la ira cuando otros nos ofendan a nosotros. ¡Exigimos la justicia! Croe que somos muy hipócritas exigir algo diferente de Dios.)

Entonces, ya que se ha servido la justicia, podemos entrar en una nueva relación con Dios. Dios siempre ha querido vivir en relación con nosotros, pero nuestro pecado ha interferido – ha servido como una barrera de culpa de nuestra perspectiva, y una barrera de justicia desde la perspectiva de Dios. Jesús quitó esas barreras. Se ha servido la justicia, y ahora podemos libremente entrar en la presencia de Dios con confianza porque alguien ha pagado el precio por nuestro pecado.

Tal vez esto se complicó de nuevo, entonces regresamos a lo sencillo. Dios. Se hizo humana en Jesús. Jesús restauró nuestra relación con Dios por quitar las barreras de justicia y culpa, levantándose de entre los muertos para mostrar que él tiene poder aun sobre la muerte. Entonces podemos vivir en una relación con Dios sin temor de castigo y la muerte, y con confianza en la promesa de vida eterna. En mi último post, concluí por decir que yo necesitaba ayuda con el problema del pecado. En este post, vemos que Dios proveyó la ayuda necesaria.

Y esa es la historia sencilla a que podemos agarrar en medio de un mundo complejo y pecaminoso.

El Pecado y La Muerte

El Pecado y La Muerte

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Este post es la cuarta parte de una serie que se llama “fe sencilla” que tiene el propósito de destacar los conceptos sencillos de la fe cristiana. Se puede ver los primeros tres posts aquí,  aquí, y aquí.

Siguiendo nuestra discusión de las verdades sencillas del cristianismo, llegamos al segundo concept: Nosotros hemos desobedecido a Dios (pecamos). El resultado es que existen muchos problemas en el mundo- sobre todo la muerte.

Decir que hay un debate sobre cada aspecto de este concepto sería muy cierto. Hay un debate sobre la existencia de Dios y si de veras existe alguien a quién tenemos que rendir cuentas. Luego hay debate sin límites sobre la naturaleza de la humanidad – ¿somos una mezcla de lo bueno y lo malo (como vemos en el símbolo del yin y el yang? O ¿Somos buenos de naturaleza, o malos? Hay algunos que niegan por completo que exista el pecado, y aun cuando alguien reconoce que los humanos hacen muchas cosas malas, a menudo trata de decir que no es por el pecado , sino por otras causas, como la sociedad, lo que nos pasó cuando éramos niños, heridas que hemos sufrido, etc. Y claro, hay debate sobre la naturaleza de la muerte – ¿es una realidad biológica que tenemos que aceptar, o un enemigo contra quien debemos luchar con todo?

El cristianismo toca en cada uno de estos temas en profundidad, con argumentos complejos sobre Dios, la naturaleza humana, la moralidad y la ética, y la naturaleza de la muerte. Pero el concepto que mencioné es muy sencillo: Nosotros pecamos, el mundo está quebrantado, y el resultado es la muerte. Unas palabras sobre cada una de estas ideas será suficiente por este proyecto.

Si aceptamos como nuestro punto de partido que Dios existe, entonces tiene mucho sentido que Él tiene pautas y expectativas para nosotros. Cada padre en el mundo tiene expectativas para sus niños y su comportamiento. Cada jefe de una empresa tiene expectativas para sus empleos. Cada persona encargado de un proyecto tiene pautas para los bajo su cargo. Si Dios nos creó, entonces claro que tiene expectativas y pautas para nosotros.

Y a pesar de todo el debate sobe qué, exactamente, es correcto y qué no, creo que la mayoría de personas es muy bien alineado sobre las cosas que causan daño y que nos duelen. Podemos discutir a nivel teórico, pero normalmente podemos identificarlos muy rápido si los experimentamos. ¿Alguien nos roba? Eso es malo. ¿Alguien nos maltrata? También es malo. ¿Nos estafa? Malo. ¿Es arrogante y nos menosprecia? Malo. ¿Es codicioso? Malo. De hecho, si miramos a las descripciones clásicas de lo bueno y lo malo, como los diez mandamientos, los 7 pecados capitales, las listas que nos da Pablo (p.e. Gálatas 5:19-21), u otros pasajes en la Biblia, descubrimos que la mayoría de personas las ve y reconoce rápidamente que esas cosas son dañinos, sobre todo si nos ponemos en la posición de ser la persona ofendida. (Este es el punto de vista mejor, creo, porque tendemos a justificar nuestras propias acciones cuando ofendemos a otros, pero reconocemos su naturaleza destructiva y dolorosa si pensamos en otro haciéndolas a nosotros.)

También, todos sabemos que desobedecer las reglas lleva a consecuencias negativas, sobre todo en cuanto a nuestra relación con otras personas. El niño que miente va a descubrir, tarde o temprano, que esto destruye la confianza. Y si rehusa a cambiar, esta destrucción va a crecer. De hecho, si desobedece constantemente, va a descubrir (o revelar) no solamente consecuencias externas como relaciones destruidas, sino también consecuencias internas como un carácter malformado que no es digno de la confianza. Así es con todo tipo de pecado – causa no solamente daño externo, sino también daño interno. Por eso, el mundo está quebrantado – todos somos pecadores que nos lastimamos a nosotros mismos y a otros. A veces lo hacemos sin querer, pero en otras ocasiones, es muy intencional.

Y eso nos lleva al punto final, la muerte. El pecado es destructivo, y su fin es la muerte (tanto físico como espiritual, que es la muerte más profundo a que la muerte física nos apunta). Eso es lo que encontramos en el libro de Santiago 1:14-15, “Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumido, da a luz la muerte.” Desde la perspectiva cristiana, la muerte no es parte de la creación de Dios – es algo ajeno, el resultado del poder destructivo del pecado. Dios nos creó para la vida, y la muerte es el enemigo.

Creo que casi todos están de acuerdo que somos creados para la vida, aun si lo expresamos de diferentes maneras. Casi todos tienen ideas sobre lo que va a pasar después de la muerte, sea la reencarnación, ir a un lugar mejor, llegar a ser uno con el universo, etc. Todos estamos de acuerdo que queremos vivir o continuar de alguna manera. Aun los que completamente niegan la existencia de vida después de la muerte expresan incomodidad con la idea. La muerte es “normal”, pero no es natural o bienvenido.

Entonces vemos que cada concepto es sencillo y lógico. Si Dios existe, tiene pautas para nuestro comportamiento. Por lo general, estamos conscientes de esas pautas, y si las violamos, hay consecuencias destructivas que son tantos externas como internas. Ya que todos desobedecemos estas pautas, el mundo está quebrantado. Somos quebrantados (por lo menos) o aun intencionalmente rebeldes. Y dado que el pecado es destructivo, forzosamente nos lleva a la muerte – muerte física y muerte espiritual.

Es cierto que este concepto no es exactamente reconfortante, pero es sencillo y tiene sentido. Y cabe muy bien con nuestra experiencia cotidiana – el pecado existe y es destructivo.

Pero también es importante personalizar esta idea:
Yo, por lo general, entiendo lo bueno y lo malo
Yo escojo demasiado comúnmente hacer lo malo (estoy quebrantado y/o rebelde)
Yo sé que el pecado tiene un efecto negativo y dañoso en mi vida, y
Yo sé que la muerte se acerca, y que mi pecado es un problema, tanto porque me destruye como porque tengo que contemplar la posibilidad de ponerme frente a Dios, quien estableció las pautas que ignoro tanto.

Y creo que lleva a una conclusión más:

Yo necesito ayuda para quitar este pecado de mi vida.

Una vez más, mantener la sencillez nos ayuda a ver con más claridad – aun si lo que se revela no es muy emocionante.

La Biblia

La Biblia

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Este post es la tercera parte de una serie que se llama “fe sencilla” que tiene el propósito de destacar los conceptos sencillos de la fe cristiana. Se puede ver los primeros dos posts aquí y aquí.

Antes de seguir con los conceptos sencillos, vale la pena tomar un momento para hablar sobre la Biblia, ya que la Biblia es la fundación de la historia cristiana. Por ser tan importante, este post probablamente será el post más largo de esta serie.

La Biblia ha sido la víctima de ataques interminables durante el curso de los siglos anteriores. Ha sido burlado como un mito, atacado como un libro sin precisión histórica, designado como nada más otro libro espiritual, o visto como un producto meramente humano. Decir que el asunto es complejo sería correcto, pero también subestima dramáticamente la realidad. Dado la complejidad, y sin entrar en mucho detalle, ¿qué puedo decir sobre la Biblia?

  1. Históricamente, es más o menos confiable. Digo “más o menos” porque hay muchas preguntas históricas, y esas preguntas reciban mucha atención – la historia de la creación, el narrativo del diluvio, el éxodo de Egipto, el nacimiento de Jesús. Son preguntas entendibles y importantes. Pero a pesar de ellas, tenemos que notar unas cositas:
    a) Hay much evidencia a favor de la historicidad de la Biblia. Se han encontrado varias ciudades, y todavía están descubriendo cosas utilizando la Biblia. Hay mucha evidencia a favor de las personas, eventos y lugares históricos de la Biblia. Hay preguntas, sí, pero ellas son pocas en comparación con lo que es confirmado.
    b) Muchas de las preguntas tienen que ver con la historia más antigua. Con razón, entre más te alejes del presente, más preguntas surgen. Y hay mucho que está discutido – pero hay poco o nada que se puede mostrar es claramente incorrecto (a pesar de las declaraciones de muchos). La historia anciana es complicada.
    c) Los escépticos se muestran equivocados constantemente. Vez tras vez, cuando uno está haciendo investigaciones históricas, se encuentra el comentario que “los historiadores no creían que tal y tal lugar, o persona, o título, o grupo existía como dice la Biblia, pero descubrimientos recientes muestran que de hecho sí, existían”. Este patrón hace que sea un poco difícil tomar en serio los escépticos. Prefiero esperar más evidencia y análisis. También, hay que reconocer que la arqueología es todavía una ciencia joven y la interpretación de evidencia puede ser un poco (a veces) subjetiva.
  2. La mayoría de escépticos (y la mayoría de gente) tiene un prejuicio anti-sobrenatural. Yo entiendo esto muy bien, pero la Biblia es un libro muy sobrenatural. El resultado es que muchos ignoran lo que la Biblia dice nada más porque trata con eventos sobrenaturales – sobre todo en la vida de Jesús. Y aunque entiendo este prejuicio, no es un buen punto de partido para hacer una investigación honesta y abierta.
  3. La Biblia require fe. No hay ninguna manera de mostrar definitivamente las partes que hablan de Dios. La historicidad confiable nos da un nivel de confianza (si es confiable sobre eventos históricos, es más probable que sea confiable en cuanto a las partes sobrenaturales), pero al fin de cuentas, creerla require fe. Nosotros (los cristianos) creemos que esta fe es una fe razonable (no una fe ciega o tonta), no solamente debido a la fiabilidad histórica, sino también por otros factores como la presencia casi unánime de la espiritualidad y la moralidad en los humanos, la comprensión de la historia que la Biblia nos cuenta, y la explanación que nos da de la vida. Pero al final del día, todavía es un asunto de fe.
  4. El carácter revelado de Dios es bueno. Muchos se enojan con Dios por sus juicios fuertes, pero yo veo tres cosas importantes en su carácter:
    a) Su amor. Desde la creación de un mundo bueno para la humanidad, hasta su paciencia con nuestro pecado, hasta su fidelidad a pesar de nuestra infidelidad, hasta el perdón completo y vida eterna que nos ofrece a través de Jesús, el amor de Dios brilla en las páginas de la Biblia.
    b) Su justicia. Dios odia el pecado. Cuando se enoja, es debido a la pecaminosidad de los humanos y la destrucción que esta trae a la vida. Y Él no lo ignora – Él responde al pecado. Vemos esto en varias historias donde Dios condena el pecado y castiga el mal, y los pasajes donde Él promete la justicia perfecta en el futuro. También tengo que mencionar que nosotros no tenemos ningún problema con la justicia cuando alguien nos ofenda a nosotros. Clamamos por la justicia cuando alguien nos lastima. Entonces es un poco injusto enojarnos a Dios cuando Él castiga a alguien por sus pecado o cuando el amenaza a los malvados (incluso nosotros) con justicia.
    c) Su imparcialidad. A veces la justicia de Dios da la impresión que Él mismo es un malvado, pero cuando lo vemos junto con sus advertencias constantes, su paciencia extrema (espera a veces décadas o aun siglos antes de actuar), sus ruegos a la gente que se arrepientan (y su tendencia de girar desde enojo a perdón en un instante cuando alguien lo hace), vemos la situación un poco diferente. Hay justicia, pero solamente cuando no hay otro recurso y cuando los objetivos de su ira rehusan a cambiar. También la Biblia habla mucho de que Dios juzga a nuestro corazón y nuestras acciones (que normalmente fluyen de nuestro corazón), entonces hay mucha evidencia que Él es un juez justo y imparcial, y no un tirano que demanda la perfección.
  5. Jesús. El centre del cristianismo es la persona y la historia de Jesús. Hay mucha evidencia que él existió y murió. También hay muchas razones para creer en su resurrección, pero eso necesitaría otro post complicado. Hay argumentos contra la resurrección, pero en mi opinión, esos tienen mucha conjetura y sufren de la presuposición que la Biblia está equivocada (en vez de mostrar que es así). La explicación más sencilla por el surgimiento de cristianismo, por el cambio radical desde un teología judía a una teología cristiana, y la disposición de los primeros discípulos a abandonar todo para proclamar esta nueva fe es que Jesús de veras resucitó de la muerte, algo que radicalmente cambió su vida.
  6. Es diferente de cualquier otro libro religioso. Otra vez, esto llevaría mucho tiempo para argumentar, pero para mí, hay dos puntos claves. El primero es la precisión histórica y la cohesión de la enseñanza a través de dos milenios de historias. El segundo es la persona de Jesús y sus declaraciones. Otra vez, esto no es una prueba, pero creo que el mensaje que nos da la Biblia y la cosmovisión que se presenta es diferente de cualquier otro libro “santo”. (Pero reconozco que a veces hay similitudes, sobre todo en cuanto a algunos puntos éticos.)
  7. La enseñanza ética es muy fuerte. Claro hay ideas con que no todos están de acuerdo, y algunas que son un poco difícil a entender. Sin embargo, por lo general, cuando leo las listas de cosas que debemos o no debemos hacer, es muy obvio por qué, y seguir las enseñanzas de la Biblia ayuda mucho a evitar dolores de corazón y problemas.

Hay much más que se puede decir, pero quiero que este post sea lo más sencillo posible, entonces por ahí termino.

Entonces, ¿hay preguntas en cuanto a la Biblia? Claro! Hay un montón de preguntas de muchas diferentes perspectivas y campos. Pero al final del día, la Biblia me da una historia en cuanto a la humanidad que tiene sentido, y que me permite encontrar mi lugar en ella. Me muestra un Dios que puedo amar, pero también quien merece mi respeto y aun temor (en el sentido apropiado, de Alguien mucho mayor que yo) – Alguien que está digno de alabanza, sobre todo cuando miro a la persona de Jesús.

Es sencilla. A pesar de las preguntas que siguen en pie, creo que la Biblia es una guía confiable para conocer a Dios y vivir una vida justa (y buena).

Dios y Nosotros

Dios y Nosotros

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Dios nos creó en su imagen, con el fin de tener una relación con Él.

Como mencioné en mi post anterior, hay dos métodos de pescar. Uno es complicado – un montón de equipo, mucha práctica, viajes especiales, un estudio profundo de cómo pescar y los hábitos de los peces, y la inversión de mucho dinero y tiempo. El otro método es muy sencillo – agarrar una caña, una línea y un anzuelo, y ponerse a la orilla del agua. Los dos métodos son buenos y tienen valor, pero son diferentes.

Nuestra sociedad demanda explicaciones complicadas por todo – incluso el cristianismo. Hay que explicar, explicar, y explicar – contestar los criticismos, mostrar pruebas, defender todos los detalles. Vivimos en la época de información, entonces todos quieren más información – una explicación completa y pruebas definitivas. Esto puede abrir la puerta a muchas conversaciones increíbles y dar muchas respuestas muy satisfactorias. Sin embargo, también puede robarnos del gozo de la historia sencilla de nuestra fe.

Entonces, ¿cómo capturamos de nuevo la simplicidad del cristianismo?

Creo que la respuesta también es sencilla: nos enfocamos en las ideas grandes de nuestra fe y soltamos la necesidad de explicar cada detalle. Otra vez, no estoy sugiriendo que estos detalles no importen y que no sean interesantes, pero por enfocar tanto en los detalles, perdimos las verdades sencillas que nos pueden traer gozo y paz. Hoy, quiero enfocarme en dos ideas grandes.

La primera es esta: Que Dios existe.

La opinión intelectual de nuestra sociedad es que esta idea es tonta, cuando en realidad es muy lógica. La complejidad, por su naturaleza, implica la presencia de inteligencia, entonces un mundo compleja implica una inteligencia suprema. Los morales son intrínsecamente relacional, entonces no es ilógico suponer que la presencia de morales indica una persona – Dios – detrás de ellos. Lo niños parecen a sus padres, entonces no es ridículo pensar que la humanidad tiene semejanza a Alguien mayor que nosotros. No es posible por “nada” crear a algo, entonces cuando vemos un universo con un principio, tiene sentido pensar que algo – o mejor dicho Alguien (ya que cosas tampoco tienen poder para crear) – lo inició. La humanidad muestra una inclinación hacia la veneración, y si no la veneración, por lo menos busca un significado más allá de nosotros, la cual nos apunta hacia una fuente de vida y un significado fuera de nosotros.

Claro, todas estas cosas no son “pruebas”, pero esto no es mi objetivo con este post. Mi punto es nada más mostrar que la existencia de Dios tiene sentido. Es más el caso que nuestra sociedad (o por lo menos un grupo en nuestra sociedad) ha declarado que esta idea es ilógica que los hechos lo han mostrado. No hay una razón convincente para no creer en Dios.

Las implicaciones de su existencia son notables y sencillas. Hay alguien que tiene control. Hay alguien que está encargado de este mundo y esta vida. Entonces como un niño puede descansar en paz porque sabe que sus padres son presentes y cuidándolo, también nosotros podemos descansar en paz, porque sabemos que hay un Dios supervisando toda la humanidad, aún cuando nos da la libertad de tomar nuestras propias decisiones. Cuando la vida siente fuera de control, cuando no sabemos qué está pasando, cuando nos toca la tragedia o cuando la vida va bien, podemos descansar con la confianza que hay Uno que sabe todo y que está encargado de todo. Esa es la paz.

La segunda idea que afirmamos es esta: que Dios nos creó de su propia imagen y que tenemos valor intrínseco. 

La humanidad es muy compleja y muy desarreglada. Pero también somos valiosos y especiales. Las Escrituras nos describen como creados en la imagen de Dios – somos como Él. De ciertas maneras, hemos capturado un poco esta idea en la sociedad occidental, donde proclamamos (pero no siempre vivimos) el valor de todos, sin importa su edad, raza, sexo, nacionalidad, estatus económico y aun sexualidad. Desafortunadamente, contradecimos este mensaje del valor de la humanidad por la enseñanza que los humanos no son nada especial, somos nada más primates avanzados, y que no hay un significado cósmico por nuestra vida. Lo que afirmamos en un aliento, quitamos en el siguiente.

En cambio, el cristianismo enseña que tenemos valor porque reflejamos a Dios mismo. No somos nada más animales super inteligentes. También nos enseña que nuestras vidas tienen un significado, y que fuimos creados por un propósito (trabajar en y gobernar este mundo) y, a fin de cuentas, para estar en relación eternamente con Dios y con otros. Cada persona, desde los no nacidos a los ancianos, los enfermos a los de buena salud, los pobres a los ricos, y cada variación posible, tiene valor increíble. Y el corazón de la Biblia es la historia de Jesús – que Dios mismo vino como humano para identificar con nosotros, para vivir en este mundo como uno de nosotros, y para resolver el problema de la muerte que nos enfrenta (un tema que viene). Es muy claro que Él quiere tener una relación con nosotros – es el propósito por el cual nos creó.

Entonces, afirmamos dos ideas sencillas que nos pueden dar gozo y paz tremendo:

Dios existe y está en control.

Tú eres especial y amado – creado en la imagen de Dios para tener una relación con Él.

Permite que esas ideas profundizan en tu corazón.

Fe Sencilla

Fe Sencilla

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Hay momentos cuando la complejidad es buena, pero hay otros momentos cuando crea más problemas que soluciones.

Por ejemplo, pensamos en alguien que quiere pescar. Hay dos maneras de hacerlo. El primero es encontrar un palo o una caña que es fuerte pero flexible, atar una línea de pesca, y ponerle un anzuelo a la línea. Luego, nada más hay que ir a un lago o río, meter la línea, y ver qué pasa.

El segundo método es hacer mucha investigación y preparación. ¿Qué tipo de pescado quieres pescar? ¿Por dónde se encuentran? ¿Qué tipo de equipo necesitas para hacerlo? Y luego necesitas comprar el equipo – la caña de pesca mejor (o una variedad de cañas), cebos y carnadas de varios tipos, la línea correcta por el tamaño de pescado que buscas, anzuelos, y muchas otras cosas. Más todas las extras – ropa para pescar, tal vez un barco y una camioneta para llevarlo al lago, chalecos salvavidas, baldes para los pescados, etc. Hay que planear tiempo para ir a pescar. Y al final, todos se diviertan.

Bueno, no cabe duda que el segundo método hace que el primero parezca muy primitivo y aun simplista. Y sin duda el segundo dará mucho gozo a los que lo practican así, y aun, probablamente, más éxito (por lo menos a lo largo plazo). La complejidad no es nada mala.

Sin embargo, a veces la complejidad es más un obstáculo que un beneficio. En vez de dar gozo, puede producir frustración. Tal vez no hay dinero suficiente para comprar el equipo que quieres o necesitas. No hay tiempo por el viaje perfecto de pescar. O tal vez todo está bien organizado por un viaje, pero surge una tormenta. O tal vez la recompensa no vale la pena. Se puede perder el gozo de pescar debido a la complejidad de la aventura.

Lo vi el verano pasado cuando fuimos a visitar algunos familiares en su terreno en las orillas de un lago. Al llegar, encontramos los primos de nuestros hijos pescando al fondo del muelle. Y inmediatamente, nuestros hijos se juntaron con ellos. No tenían nada más que una caña, una línea y un anzuelo. En los siguientes días, ellos pasaban horas pescando desde ese muelle. A veces pescaban algo, y a veces no, pero siempre se divertían. Pudiéramos haber encontrado un barco para ir al centro del lago, o comprado unos cebos impresionantes, o sus propias cañas de pesca, o muchas otras cosas. Pero para ellos, eso hubiera sido nada más una distracción. Ellos solamente querían una caña, una línea y un anzuelo, y estaban perfectamente contentos.

Creo que se puede aplicar esto a nuestra vida espiritual, sobre todo en nuestra cultura y ambiente “intelectual”. Vivimos en una época compleja – la época de información. Tenemos mucho más conocimiento a las puntas del dedo que jamás pudiéramos utilizar. Y ese conocimiento produce en nosotros cierta expectativa – que siempre vamos a poder saber todo, explicar todo, contestar todo. El misterio o la ignorancia no son tolerables.

Entonces tenemos altas expectativas cuando abordamos al cristianismo. Exigimos respuestas a todo. Tenemos la expectativa de explicar cada detalle. Somos muy sospechosos a encontrar brechas en el entendimiento o la explicación de algo. Exigimos que el cristianismo – como todo – sea muy complejo, con una solución por cada problema.

Bueno, el cristianismo no tiene problemas con la complejidad. No se puede decir que los cristianos evitan conversaciones o problemas difíciles (bueno, obviamente algunos lo hacen, pero el cristianismo como un total no lo hace). Hay discusiones increíblemente complejas, agradables y bonitas sobre cada aspecto del cristianismo. La complejidad no es nada mala.

Pero a veces (a menudo, creo), siento que la complejidad obstruye la belleza de la historia sencilla del cristianismo. Recientemente, he estado muy consciente de esto en mi propia vida, y lo he visto también en la vida de otros. En medio de una búsqueda intensa por respuestas complejas y comprensivas a cada pregunta que se puede imaginar, se hace muy fácil perder el centro sencillo del cristianismo. Y los cristianos sufren como resultado.

El mensaje central del cristianismo no es difícil:

  • Dios nos creó en su imagen, con el fin de tener una relación con Él
  • Nosotros lo desobedecemos (pecamos). El resultado fue muchos problemas – sobre todo la muerte
  • Dios se hizo humano en la persona de Jesús para pagar el precio por nuestros pecados y restaurar nuestra relación con Dios
  • Vivimos en relación con Jesús
  • Tenemos la esperanza de vida eterna en vez de un castigo o separación

Confieso que en una época científica, ese mensaje sencilla puede parecer no solamente simplista, sino también anticuado. Las preguntas surgen, pidiendo respuestas complejas, gritando por atención y resolución. Las escucho yo regularmente. De hecho, la mayoría de las veces cuando contemplo a Dios y hablo con otros que están luchando con la fe, esas preguntas dominan y guían la conversación.

Sin embargo, recuerdo cómo crecí y las vidas y ejemplos de mis padres y abuelos. Había preguntas en ese tiempo, sin duda, pero no dominaban la conversación. Dominaba la historia sencilla – que Dios nos creó, que Dios nos ama, que Dios nos quiere perdonar para poder tener una relación con nosotros, que Dios nos quiere mostrar cómo vivir y nos quiere ofrecer vida eterna. Y esa historia sencilla dio vida y gozo increíble.

Entonces, quiero usar mis siguientes posts no para contestar todas las preguntas o debatir los asuntos complejos, sino para recordar la historia sencilla y reflejar sobre el gozo que ella puede dar a uno. Porque la complejidad no es mala, pero a veces es un obstáculo.

Entonces, vámonos. Agarra una caña, una cuerda y un anzuelo. Vamos a pescar.

¿Aún necesitamos a Dios?

¿Aún necesitamos a Dios?

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Algo me ha estado molestando por un rato. Por un buen rato, a decir la verdad. No sé exactamente cómo explicarlo, pero intentaré.

Crecí en un hogar muy cristiano. Y lo digo de la mejor manera posible. Parece a la moda poner por los suelos el cristianismo “tradicional” con todos sus problemas, pero eso no era mi experiencia. Mi familia y iglesia, aunque no perfectas, obviamente, eran muy buenas. Mis abuelos y padres eran (y son) personas y cristianos ejemplares, modelos que deseo que todos tuvieran. Había problemas en nuestra iglesia, como la mayoría, pero también había gente muy devota y la enseñanza no se escondía de temas difíciles. Fue completamente evangélica y en muchos casos hasta fundamentalista. Pero fue buena. Crecí con mucho amor, mucha oportunidad de hacer preguntas, buscar respuestas y crecer, y un entendimiento muy claro de lo bueno y lo malo y cómo vivir para Dios.

Como parte de ese crecimiento, siempre he aprendido la creencia ortodoxa que las personas son pecaminosas por su naturaleza y por eso separadas de Dios. Que ellos son, en una palabra “malos” (pecaminosos). Eso me incluye a mí, obviamente, y cualquier otro cristiano, para no parecer demasiado crítico a otros. La enseñanza es que todos somos pecaminosos y que solamente con Cristo podemos cambiar y crecer y convertirnos en “buena gente”1. O sea, que es Dios viviendo dentro de nosotros y nosotros obedeciendo sus mandamientos que nos hace “bueno”. Pero entre más vivo y observo a la gente, más difícil es mantener esta perspectiva simplista (quiero clarificar que mi perspectiva en este punto nunca ha sido tan simplista como lo presento aquí, pero poner la idea en su forma más básica ayuda a explicar la lucha que siento). En pocas palabras, hay muchas personas que parecen ser buena gente y vivir vidas buenas, pero lo hacen completamente sin Dios. Muchos de ellos hasta están muy en contra de Dios. Y cuando considero eso junto con los avances científicos que parecen explicar todo el mundo sin referencia a Dios, surge a la mente una pregunta asombrosa que me ha estado molestando:

¿Aún necesitamos a Dios?

A nivel superficial, parece que la humanidad y el mundo occidental (porque no puedo hablar por lo demás del mundo) están avanzando con rapidez. Nos rodean mensajes que afirman que la humanidad necesita amarse y ayudarse los unos a los otros, eliminar el racismo, el sexismo, el “bullying” y muchas otras cosas que son malas. El mundo está progresando en muchos respetos con remedios a varias enfermedades, resoluciones a diferentes problemas, etc. Es casi imposible leer media social sin encontrar un buen número de historias que te hacen sentir bien y son muestras de la bondad de la naturaleza humana y el progreso de la humanidad. Y la mayoría de esto dentro de una cultura que cada vez más está rechazando a Dios en general, y Jesús en particular. Entonces otra vez surge la pregunta, ¿aún necesitamos a Dios?

Tal vez es más útil no hablar de “los demás” y enfocarme solamente en mí mismo. Creo que una parte del desafío de esta pregunta es que estamos tratando de “juzgar” a otros (evaluarlos) sin poder ver lo que está pasando por dentro. Las apariencias pueden ser decepcionantes. Es difícil saber qué está pasando en el corazón de otra persona o cómo son de verdad cuando solamente vemos trozos de su vida o escuchamos historias seleccionadas. Pero cuando miro a mí mismo, puedo ver la verdad e identificar las necesidades que yo tengo.

Entonces, ¿qué veo en mí mismo? Por apariencias, probablamente califico como uno de esa “buena gente” que he mencionado. Mi trabajo se dedica a ayudar a otros. Estoy felizmente casado, no me meto en apuros, intento ser un buen padre a mis hijos. Tengo un trabajo constante y estoy contribuyendo a la sociedad. Todas las cosas que son buenos hacer. Sin embargo, cuando miro a mi propia vida, identifico fácilmente cuatro areas claves donde creo que Dios es tanto relevante como necesario:

La vida. He pasado los últimos dos meses completamente cautivado por el misterio de la vida y la pregunta de qué viene después de la muerte. El hecho de que la vida aun existe es ridículo – no hay ninguna razón lógica por ella. El hecho de que yo existo y vivo es increíble. ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué estoy yo aquí? ¿Y por dónde voy? Es muy fácil vivir nuestra vida sin reflexionar sobre preguntas como estas, pero en algún momento, la mayoría de nosotros reconoce la maravilla y lo absurdo de la vida. En mi caso, tal vez es por haber cumplido 40 años y llegado a la etapa de mediana edad. Pero independientemente de la razón por obsesionarme sobre este tema, ciertamente no estoy solo en hacerlo. El significado de la vida siempre ha sido una de las preguntas básicas de la humanidad. ¿Por qué existimos?
Vez tras vez, mis reflexiones sobre el tema me llevan a Dios. No puedo aceptar el concepto que “nada” creó todo – sobre todo cuando todo lo que existe es tan increíble y complejo. Tampoco puedo creer que somos espíritus reciclados que damos vueltas y vueltas hasta algún día poder escaparnos de esta carrera de ratas. Los dos conceptos quitan la vida de su significado, propósito y valor. No somos importantes como individuos – solamente somos partes de una máquina indiferente. Aunque los que creen en estas cosas tal vez no viven de acuerdo con esa idea, eso es solamente porque no están actuando de acuerdo con sus creencias. Los conceptos en sí no se llevan a ninguna otra conclusión. Pero con todo lo que soy deseo tener valor, propósito y significado. Y solamente un Dios (un ser personal y sobrenatural) parece ofrecer tanto una explicación para la vida como la posibilidad de que esa vida continuará después de la muerte. Sin Dios, siempre vamos a vivir con un corriente subyacente de desesperación y falta de significado, no importa cómo lo tratemos de esconder.
La guía. Cuando miramos a nuestro alrededor, hay una falta de certeza tremenda y aun conflicto sobre cómo debemos vivir. Aunque la ciencia e investigaciones proclaman ciertas ideas y tendencias sobre qué es mejor, tan rápido como lo proclaman hay otros estudios con conclusiones diferentes. El resultado final es todos creando sus propios principales y pautas para la vida basados en cualquier cimiento que escojan. Lo que es muy interesante es la contradicción en estas ideas, sobre todo visible en media social: Debemos amar a todos – excepto los que vamos a avergonzar por diferentes razones; así debes vivir – aunque confieso libremente que no tengo ni idea qué estoy haciendo en la vida; #metoo – y no olvides apoyar la industria de pornografía, que definitivamente les empodera a las mujeres. Es un mundo impresionante de contradicción y auto justicia. Pero cuando permitimos que Dios nos dirija (hablando específicamente de Cristo y la Biblia), tenemos pautas muy claras sobre lo bueno y lo malo. Bueno, podríamos hablar mucho sobre si los cristianos hacen estas cosas o no, y hay algunos temas que todavía generan incertidumbre (como redefinir los papeles de hombres y mujeres en una sociedad moderno y exactamente cómo entender y aplicar las enseñanzas de la Biblia sobre la homosexualidad), pero por lo general la guía que encontramos en la Biblia sobre cómo relacionarnos con Dios, el mundo y entre nosotros nos da unas pautas muy claras por cómo vivir. Y yo diría que la gran mayoría de personas que vive una vida “buena” sin Dios lo hace basado en enseñanzas bíblicas, lo acepten o no.
Ayuda. No importa cuánto proclamemos entender sobre el universo o cuán competentes nos declaremos ser para enfrentar la vida, es muy raro encontrar alguien que no clame a Dios por ayuda fuera de sí a veces. Muchos en el mundo todavía viven con la necesidad de ayuda cotidiana. Y esta ayuda no es solamente por necesidades físicas. Muchos luchan con problemas más profundos, como el temor, la culpa y la vergüenza. Sienten la necesidad de saber que hay alguien más allá de ellos que los puede liberar de estas cargas. Esto es lo que Dios promete – perdón por nuestros pecados, el amor y el honor en vez de la vergüenza, y poder y fuerza supremo (aunque no revalado completamente en el presente) por nuestro temor y debilidad. Creo que estamos exagerando nuestra posición cuando declaramos que podamos entender todo en el universo y vivir sin la ayuda de Dios. En muchas situaciones, claro, estamos bien. Pero luego surgen esas situaciones donde nos damos cuenta que no podemos resolver todos nuestros problemas, no podemos siempre vivir como debemos, no podemos extender nuestra vida, no podemos enfrentar o resolver los problemas del mundo, no podemos escaparnos de la culpa, vergüenza y temor que nos enfrentan… y de repente, tal vez la idea de creer que hay alguien fuera de nosotros que nos puede ayudar y que tiene todo bajo control no es tan loca.
Ser bueno. Este punto no era originalmente parte del plan por este post, pero ya que mencioné la naturaleza humana más arriba, creo que vale la pena mencionarla aquí. Ya dije que no parece que necesitemos a Dios para ser bueno. Pero creo que tengo que clarificar – este “ser bueno” no es perfecto. Hay muchas personas que son buenas cuando los comparamos con otros. Los identificamos como cariñosos, bondadosos y maravillosos. Y sí, lo son. Pero todos de ellos, si son honestos, van a reconocer que no son tan buenos como parecen. Cualquier persona que haya tratado de “ser bueno” muy rápidamente se da cuenta del egoísmo, orgullo, espíritu crítico, enojo, etc. que reside profundo en nuestro interior. Entre más tratamos de ser bueno, más nos damos cuenta de cuán lejos de buenos de veras somos. Somos, como dice la Biblia, pecaminosos. Y sugiero que cualquier que no reconozca su propia pecaminosidad sea demasiado arrogante o ignorante para entender cuan imperfecto son. Diría que aquí también necesitamos a Dios. Es Dios que nos revela nuestra pecaminosidad y que nos da un deseo de alejarnos de ella. Es Dios que nos ofrece el perdón y el amor a pesar de nuestra pecaminosidad. Es Dios que nos brinda su espíritu para empezar a conquistar el mal en nuestra vida. Y es solamente Dios quien nos puede limpiar del pecado cuando un día lleguemos frente de Él en su gloria. Creemos que es únicamente Él quien puede completar la transformación a “ser bueno” que deseamos.

Entonces ahí está. ¿Necesitamos a Dios? En algunos respetos, no. Pero al final del día, creo que sí lo necesitamos. Lo necesito para explicar y proveer la vida. Lo necesito para mostrarme cómo vivir y para cambiarme para poder vivir de esa manera. Lo necesito para ayudarme en todas esas situaciones demasiadas difíciles o complicadas para mí (bueno, lo necesito en cada situación, pero son las grandes dónde más lo reconozco). Y creo que si miramos más allá de la fachada que presentamos al mundo, todos necesitamos a Dios mucho más de lo que la mayoría quiere confesar.

[1] Vale la pena notar que el cristianismo no tiene como su meta crear “buena gente”, sino salvarnos de nuestros pecados y la  muerte que resulta, y restaurar nuestra relación con Dios. Sin embargo, el resultado de aceptar a Cristo es un corazón cambiado que desea obedecer a Dios. Y esa obediencia debería resultar en un cambio de vida que nos hace “buena gente”.

El centro del universo

El centro del universo

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El otro día, por pura curiosidad, decidí investigar por dónde está el centro del universo. Todos conocemos de los monumentos que se construyen en varios lugares – el centro de Norteamérica, el centro de Canadá o los estados unidos o México (o cualquier otro país), etc. Por alguna razón, hay una fascinación con encontrar y identificar el centro de un lugar. Entonces imagínate mi sorpresa cuando descubrí que, a pesar del consenso científico sobre el principio del mundo (el Big Bang) y su expansión continua, no existe un “centro” del universo! Aparentemente tiene que ver con la curvatura del espacio, y la creación simultánea del espacio y el tiempo y otros conceptos locos. Sea que sea la razón, nunca vamos a poder volar en un nave espacial y encontrar una rótula flotante que dice que hemos llegado al centro del universo. A todos que son adictos a los selfies: Lo siento!

Pero está bien. De veras la pregunta que me estaba motivando no era el centro del universo, sino el centro de nuestra existencia. He llegado a reconocer cuán importante es esta pregunta por nuestra perspectiva de la vida y cómo la vivimos.

Esta pregunta surgió en mi mente mientras que he tratado de entender el concepto del infierno y el juicio de Dios hacia la humanidad. Para ser franco, esto me parece muy injusto a veces, y casi cruel. He luchado para entender cómo Dios puede ser un Dios de amor cuando veo varios pasajes hablando de su ira y juicio. Admito que Dios parece muy enojado a veces. ¿Cómo podemos entender eso?

Dos Cosmovisiones

Como cristiano, creo que el centro de nuestra existencia es Dios. Sin explicar profundamente esta creencia, me parece que un Dios personal y inteligente es la explicación más lógica por un mundo complejo, consciente y moral. Creo que cualquier cosa aparte de Dios (como una fuerza impersonal o nada) es insuficiente para explicar la realidad que nos enfrenta. La mayoría de los cristianos dirían que están de acuerdo con esta idea, pero creo que una mirada más cercana muestra algo diferente.

Hoy en día, vivimos en una sociedad que pone la humanidad o los individuos en el centro de nuestra existencia, y creo que muchos cristianos en Norte América (y aun aquí en México) han incorporado esta perspectiva a sus vidas. Todavía creemos que Dios es soberano, pero ha habido un cambio sutil pero importante en esta perspectiva. Mientras que en tiempos previos la enseñanza de la iglesia era que Dios está sobre todo y la gente existe para servirlo a Él, esto no es lo que veo y escucho ahora. Lo que veo es lo siguiente: La humanidad es la creación más importante de Dios y Dios existe para servirnos a nosotros.

La humanidad en el centro

Anticipo muchos cristianos negando que crean esta idea. Después de todo, no somos Dios y la mayoría de las personas está muy consciente de sus deficiencias. Ni es esta idea sin aspectos de la verdad (sobre todo, nuestro valor). Pero la actitud de muchos cristianos muestra que la fe de muchos está centrada en la humanidad:

  • ¿Cómo puede Dios hacer esto a mí? ¿Por qué me está pasando esto?
  • No es justo que Dios condene a la gente
  • ¿Cómo puede Dios declarar que esto (cualquier cosa) es malo?
  • Jesús amaba a la gente, no importa su vida, y nosotros debemos hacerlo también
  • la humanidad es increíble y y la gente maravillosa
  • Dios solamente quiere que estemos contentos y satisfechos

Como dije, hay mucha verdad en el concepto que mencioné anteriormente (y los comentarios que enumeré), pero también hay decepción. Para verlo, tenemos que mirar cuidadosamente a todo lo que dice la Biblia.

Dios en el centro

Muy pocos cristianos disputarían con el concepto que Dios creó el mundo y la humanidad (a pesar de muchos desacuerdos sobre cómo lo hizo). Y la verdad que se encuentra en la declaración de arriba (tenemos mucho valor y Dios existe para servirnos) es que las personas son la creación más importante de Dios. Él nos creó en su imagen. Este tiene mucho significado y nos confiere mucho valor, seamos cristianos o no. Sin embargo… esto no significa que somos el centro del universo. Aunque Dios creó este universo y mundo con nosotros en mente, eso no significa que nos creó para ser el punto principal del mundo. ÉL es todavía es centro, no nosotros.

Si reflexionamos sobre esta idea, es muy obvio. Individuos no son lo suficientemente importantes para ser el centro de la existencia de todos los demás. Cada persona es muy delicada y lleno de problemas. Pero tampoco es la humanidad lo suficiente importante para ser el centro del universo. Como raza, también somos muy delicados. Aparte de algún tipo de fe, no sabemos de dónde venimos o por qué existimos. Ciertamente no nos creamos a nosotros mismos, y tampoco somos capaces de asegurar nuestra existencia (solo hay que reflexionar sobre todas las películas de desastres que matan a la raza humana). La humanidad, tanto individuos como la raza entera, es muy transitoria.

En las Escrituras, vemos que somos representantes de Dios, no seres divinos. Dios nos creó en su imagen, y luego Él nos dio este mundo para dominar y gobernar. Pero no hay evidencia que abdicó su rol como rey de este mundo – todo lo contrario, de hecho. La Biblia es muy consistente en declarar que Dios es el rey. Nosotros, criaturas delicadas que somos, hemos recibido la posición distinguida de ser sus representantes, participando con Él en gobernar este mundo, pero nunca con la intención de ser el centro de todo.

Pero con el crecimiento del humanismo, este es el error en que muchos hemos caído. Hemos adoptado el valor de la vida humana (que es cierto), pero hemos olvidado que todavía somos subordinados al rey. Hemos llamado a Dios nuestro Padre y aceptado su amor, pero dejado a un lado su rol válido como creador y juez que tiene un plan por este mundo y pautas muy claras por lo que es correcto y incorrecto. Hemos olvidado que Dios no se enfoca solamente en nuestra felicidad, sino que también en formarnos en su imagen (Él es el alfarero, nosotros la barra, una imagen utilizada varias veces en las Escrituras).

Una mirada más cercana

Esta perspectiva centrada en la humanidad afecta a varias esferas de la vida.

  • La naturaleza de la humanidad – este concepto es difícil de explicar, porque el valor de los humanos es una de las mejores cosas que la sociedad occidental ha agarrado del cristianismo (siempre que uno no hable de los abortos o, con más y más frecuencia, los viejos y enfermos). Los humanos son especiales y la gente tiene valor. Pero hay una divergencia entre la perspectiva centrada en la humanidad y la centrada en Dios en cuanto a la fuente de ese valor y el destino de la humanidad. Desde la perspectiva centrada en la humanidad, los humanos se ve como la cúspide de la evolución, pero es un poco confuso por qué tenemos tanto valor. Lo más cerca que puedo averiguar es que somos únicos, diversos y superiores a los “otros animales”. Pero no hay nada ni en nuestra origen ni nuestro destino que implica ningún valor especial. Pero por alguna razón, esta es la perspectiva de nuestra sociedad. Y más, ha habido una brinca de lógica desde la belleza y valor de la humanidad hasta una creencia que la humanidad es bueno de corazón y va mejorando, a pesar de la falta de evidencia por esta idea (sí, en algunos aspectos la situaciones de muchos están mejorando, pero es difícil mostrar que la naturaleza integral de la humanidad ha mejorado). Por otro lado, desde la perspectiva Dios-céntrica la humanidad tiene su valor por ser creados en la imagen de Dios y su destino potencial es la eternidad. Qué impresionante! Sí, somos conscientes de cuán lejos hemos caído de nuestro origen, pero somos especiales de todos modos.
    Hay tensión en cualquier de estas perspectivas, sin duda. La primera (centrada en las personas) lucha para mostrar por qué existe tanta maldad en el mundo se la humanidad es intrínsecamente bueno, o por qué tenemos valor si no somos más que solamente animales inteligentes. La segunda requiere que reconozcamos nuestra imperfección y duda, pero esto es solamente negativo si no logramos de entender que Dios libremente nos extiende brazos de perdón y bienvenido.

    Pregunta clave: ¿Qué es la fuente y destino de la humanidad? ¿Confiere eso un valor individual y corporativo? La respuesta a esta pregunta guiará la mayoría de nuestras creencias sobre la humanidad.

  • El juicio de Dios – uno de los problemas más grandes para mi, como mencioné arriba, es nuestra reacción al rol de Dios como el juez. Cuando vemos a la humanidad como el centro del universo, empezamos a pensar en Dios como alguien enojado y crítico y aun malvado. Nosotros somos humanos pobres y inocentes, tratando lo mejor posible para ser bueno y hacer lo correcto (aunque esto me parece una perspectiva demasiada positiva de la humanidad). Desde esta perspectiva, aun los que no quieren nada que ver con Dios son “buena gente” que merecen el amor y gracia de Dios. Porque Dios solamente existe para servirnos a nosotros, ¿verdad?

    Pero si recordamos que Dios es el centro del universo y vemos cosas desde su perspectiva, la historia es un poco diferente. Esas mismas personas no están tratando de ser mayordomos fieles de Dios y hacer lo correcto – muchos han abandonado por completo a Dios, y la mayoría seguramente no lo está buscando. Muchos no están buscando hacer lo bueno, sino lo que es deseable y cómodo. Él los llama a una cierta manera de vivir, pero ellos deciden escoger lo que ellos quieren obedecer y lo que no. El enfoque de muchos es su propia felicidad, facilidad y comodidad, no el desarrollo de este mundo de acuerdo con las leyes de Dios (leyes que traen vida). Es verdad que muchos de los valores están de acuerdo con las enseñanzas de Dios (después de todo, nuestra cultura se base principalmente por enseñanzas judeocristianas), pero eso no significa que los corazones de personas desean a Dios o sus caminos. Tampoco podemos decir que estos valores son intrínsecos a la humanidad, ya que muchos de ellos no han surgido en otros contextos (o solamente están entrando otras culturas mientras que esas culturas están influenciadas por nuestros valores judeocristianos).

    Cuando entendemos a Dios como el dador de vida quien está buscando guiar a la gente, ayudarnos a navegar esta vida y desarrollar este mundo, entonces el rechazo de Dios a parte de la humanidad parece muy diferente, y su juicio eventual tiene mucho más sentido. Pero aunque Dios constantemente amenaza el juicio (y a veces hace lo que amenaza), siempre es con el deseo de ver a las personas cambiar sus caminos y hacer lo correcto. Es como si dijera, “Esto es lo que podría pasar, pero por favor no me hagas hacerlo!” Constantemente se presenta a Dios buscando a la humanidad, llamándonos y deseando restauración con nosotros. Son los humanos que se presentan como tercos y obstinados.

    Pregunta clave: ¿Cuántos, cuando alguien los lleva a Dios o Jesús, van a responder, y cuántos van a ignorarlo y seguir viviendo como quieren? Si no quieren nada que ver con Dios, ¿por qué declaramos que Dios es injusto juzgarlos en algún momento? Aunque tengo much simpatía por los que están buscando a Dios y tratando de hacer lo correcto (y oro que Dios tenga misericordia de ellos), muchos ni siquiera entran en esa categoría.

  • Nuestra vida – Es muy común ver, sentir y escuchar desesperación sobre las dificultades de la vida. Pero esto es solamente un problema si creemos que Dios existe para servirnos a nosotros. Si entendemos que el deseo de Dios es salvación de un mundo quebrantado y rebelde (ante todo) y formarnos en su imagen (segundo), entonces ni es sorprendente ni incapacitante encontrarse con dificultades. Aunque este mundo puede ser fantástico y divertido, es también temporal y lleno de problemas. Aunque estamos en la imagen de Dios, estamos también muy lejos de lo que Dios nos creó ser. Entonces no debe sorprendernos que pasamos por dificultades. Mientras que no es divertido, cuando tenemos a Dios y sus propósitos en el centro de nuestra vida, las enfrentamos con una actitud completamente diferente. Tal vez no entendemos las razones por las cuales estamos pasando por dificultades o cómo Dios las va a utilizar, pero reconocemos que Dios puede (y va a ) usarlas. La Biblia revela que Dios es completamente por nosotros – Él desea lo que es bueno por nosotros como individuales y como una raza. Pero eso significa que Él quiere que crezcamos y seamos transformados, no estancados, un hecho que automáticamente implica dificultades y desafíos. También significa que Él está dispuesto a darnos nuestra libertad, que incluye tomar malas decisiones que afectan a nosotros o otros, y enfrentarnos con las consecuencias que resultan. Dios siendo “por nosotros” no significa una vide libre de problemas de ninguna manera!

    Pregunta clave: Si el mundo es imperfecto y los humanos no son todo lo que deberíamos ser ¿por qué nos sorprende el sufrimiento? Cuando Jesús y todos sus discípulos aceptaron el sufrimiento como una parte de la voluntad de Dios para su bien y para avanzar su reino, ¿es justo que nosotros esperemos algo diferente?

  • lo correcto y lo incorrecto – con nosotros como el centro, escogemos lo que definimos como correcto y incorrecto. Sin embargo, creo que una valoración justa mostrará que a menudo es la cultura y nuestros sentimientos que dictan nuestras decisiones sobre lo bueno y lo malo. Pero cuando ponemos a Dios en el centro, hay un análisis consistente de lo correcto y lo incorrecto. Seguramente hay algunos pasajes difíciles en la Biblia, pero por lo general es muy claro. Y todos tienen que mantener ese estándar.

    Pero, ¿no deberíamos amar a todos, sin importar su conducta? Sí, pero eso no es la historia completa. Jesús amaba a la gente, es verdad, pero Marcos declara que su mensaje principal era el arrepentimiento (Marcos 1:15) y el mensaje que Jesús entregó a sus discípulos centraba en el mismo mensaje de arrepentimiento y la promesa de perdón (Lucas 24:47). Entonces me parece probable que muchas de las conversaciones que tenía Jesús con los pecadores – con quién comía sin problema – giraran en torno de ese concepto del arrepentimiento. Eso explicaría la reacción de Zaqueo después de conversar con Jesús (Lucas 19) – ¡él arrepintió! Con Dios en el centro, siempre estamos desafiados arrepentirnos de lo malo y agarrar lo bueno, con instrucciones claras sobre qué cabe en cada categoría.

    Pregunta Clave: ¿Son nuestros estándares alternantes de lo bueno y lo malo adecuados para desarrollar y mantener una vida y sociedad saludable? Y de otra linea, ¿cómo podemos juntar el amor que Cristo tenía por la gente con su mensaje de arrepentimiento?

Conclusión

Yo soy el primero confesar que poner a Dios en el centro de nuestra vida es difícil. Quiero estar cómodo. Quiere tener cosas buenas. Quiero que Dios resuelva mis problemas y que Él me bendiga. Quiero que Dios me sirve a mí. La buena noticia es que Dios está a nuestro favor. Él nos quiere y nos trata como sus hijos. La “mala” noticia (que no es mala, solamente difícil) es que Él quiere que estemos a su favor también. Él quiere que lo amemos y que centremos nuestras vidas en Él, y no en nosotros mismos. Él quiere que agarremos nuestro papel divino como sus mayordomos – construyendo, gobernando y restaurando este mundo. Y eso significa poniéndole a Él en el centro, y no a nosotros, y aceptando todo lo que viene junto con eso.

Por el que no cree en Dios, esta idea es una tontería. La humanidad está al pico de la cadena alimentaria y creamos nuestro propio destino. Pero por el cristiano, es completamente diferente. Si Dios (Cristo) es el centro del universo, entonces todo gira en torno a Él. Vivimos esta vida no para nuestra propia satisfacción, sino para participar en su mandato de crear y conservar la vida. Nos levantamos en la mañana buscando entender cómo gobernar y vivir en este mundo de una manera que lo glorifica a Él. Nos enfrentamos a la adversidad con el conocimiento que Dios la está utilizando para formarnos en su imagen. Vemos a nuestra pecaminosidad y la pecaminosidad del mundo como un desvío de lo que Dios quiere, y luchamos contra ella con su ayuda.

En pocas palabras, vivimos para servirle a Él, en vez de demandar que Él nos sirve a nosotros.

¿Es el amor de veras suficiente?

¿Es el amor de veras suficiente?

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“All you need is love!” (Todo lo que necesitas es el amor!)

Así declaran Paul McCartney, Ringo Starr, George Harrison y John Lennon, mejores conocidos como “the Beatles”. Es una canción muy contagiosa que pega en la mente. Y parece que es el lema de nuestro tiempo.

No lleva mucho tiempo para descubrir este mensaje en la cultura. La Mujer Maravilla lo tenía. Al final (alerta: voy a explicar el final de la película por si a caso no la has visto!), a pesar de una explicación muy correcta de la maldad presente en la humanidad, ella declara que cree en la humanidad. ¿Por qué? Por el amor y la capacidad humana de amar. Podría hacer una lista larga de películas, canciones y libros que hablan de nuestra necesidad de amar y que debemos ser gente de amor. Se lo encuentra en toda la cultura popular – si solamente amáramos mejor, aceptáramos a otras personas por quienes son y trabajáramos juntos, entonces la vida sería muy genial. “Somos una gente, y deberíamos amarnos el uno al otro”.

Ahora, claro, estoy de acuerdo con todo esto. Deberíamos amarnos el uno al otro más. Somos iguales en valor. Deberíamos aceptar a otras personas (aunque “aceptar” y “estar de acuerdo con” no son el mismo). El amor es la fuerza más poderosa del universo y podría cambiar el mundo. En algún sentido es cierto – todo lo que necesitamos es el amor!

Desafortunadamente, somos muy malos con el amor.

Ahora, no quiero pintar un cuadro que no es justo o negar la realidad. Claro que la gente es capaz de amar. Y hay muchos ejemplos del amor. Somos (generalmente) buenos para amar a nuestra familia. Somos (generalmente) buenos para amar a nuestros hijos. Somos (generalmente) buenos para ser corteses y respetuosos durante nuestras interacciones cotidianas con otras personas. Somos (generalmente) buenos para amar a otros desde lejos, personas que están de acuerdo con nosotros, personas que nos tratan bien y personas que alinean con nuestras creencias y causas. Y podemos mostrar gestos dramáticos de amor por nuestros seres amados o en momentos de crisis. Entonces estamos capaces de amar y aun de un sentir un amor muy profundo y apasionado.

Lamentablemente, la vida no consiste de momentos de crisis y gestos dramáticos y personas que son fáciles de amar. La vida consiste de todos nosotros. Y cuando extendemos más allá de nuestra situación cómoda, el grado de amor que mostramos declina dramáticamente. Amamos a nuestros hijos, pero no al maestro que los trata injustamente, el bully que los está molestando o el patrón que no les da las horas que necesitan para sobrevivir. Amamos a nuestros prójimos – hasta que son inconvenientes o interfieren con nuestra paz y comodidad. Amamos a los pobres, siempre que solamente tengamos que sacrificar un poco para ayudarlos. Amamos a otras personas, a menos que no estén de acuerdo con nosotros políticamente o filosóficamente. Amamos a nuestros esposos o parejas con pasión, pero no siempre prácticamente. ¿Una cena bonita? ¿Una película? ¿Una escapada romántica? Claro!! ¿Levantar la ropa sucia? ¿Mostrar respeto y paciencia? ¿Perdonar una ofensa pequeña? No tan fácilmente. Amamos en un momento de crisis (un temblor, un muerte, un tiroteo, etc.), y luego se nos olvida y seguimos con nuestra vida lo más pronto posible.

Como dije, no quiero pintar un cuadro demasiado dramático, pero quiero mostrar lo obvio – no somos tan buenos en el amor como pensamos. Reflexiona sobre las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué tan bueno amas a otros cuando estás cansado, estresado o no tienes motivación?
  2. ¿Qué tan bueno muestras amor a los que no están de acuerdo contigo?
  3. ¿Cuán rápido puedes perdonar a los que te ofenden? ¿O que te lastiman profundamente?
  4. ¿Cada cuánto de veras sabes lo mejor por alguien más, y cada cuánto nada más sigues la tendencia de la sociedad o adivinas a lo que es mejor? En otras palabras, es tu amor hacia ellos amor verdadero, o resulta en lastimarlos por accidente?
  5. ¿Cuán listo estás para sacrificar por otros para mostrar el amor? Y estoy hablando de un sacrificio verdadero – dejar de ir a restaurantes para dar dinero a los vagabundos en tu comunidad, o dejar tu propio plan por la noche para hacer lo que tu espos@ quiere hacer?

Mi punto (sobre todo con la última pregunta) no es culparte para hacer algo, o decir que nunca debes pensar en ti mismo. Hay que encontrar un balance entre cuidarte a ti mismo (ser sano) y sacrificarse por otros. Ni es mi deseo denigrar la idea del amor. Creo que “the Beatles” tenían sentido cuando cantaban que sólo necesitamos el amor. Es solamente que creo que necesitamos un poco de ayuda para amar, y amar bien. Y estoy más o menos seguro que yo sé por dónde buscar esa ayuda.

En la Biblia, encontramos una frase corta pero interesante: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). También encontramos una de las descripciones más hermosas del amor (1 Corintios 13:1-8, 13), una descripción del poder del amor (Cantares 8:6-7), y el mejor ejemplo del amor en la persona de Jesús, quien vivió una vida de amor y luego estaba preparada morir por nosotros para restablecer nuestra conexión con Dios.

Pero hoy en día, hemos desconectado el amor y Dios. Hemos hecho el amor nuestra meta, sin reconocer que no somos muy aptos en identificar el tipo de comportamiento que muestra el amor, y que solamente tenemos éxito en eso a veces – sobre todo hacia aquellos que son difíciles de amar. Además, el amor, siendo en su turno un concepto, un sentimiento o un verbo, no es algo que podemos capturar o agarrar muy firmemente. Es escurridizo, fácilmente descaminado y a menudo mal informado. Es una amante inconstante. Sobre todo cuando está guiado por nuestro corazón, sobre el cual el profeta Jeremías dice, “nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio” (Jeremías 17:9). En la misma manera que tendemos a pensar que el amor es la respuesta a todo, igual pensamos que somos lo suficientemente buenos para entenderlo y guiarlo en la dirección que debería ir. Hay una buena razón por la cual Jesús mismo dijo, “Nadie es bueno sino sólo Dios” (Marcos 10:16). Aunque a veces amamos bien, a menudo no lo hacemos. Necesitamos ayuda.

Entonces ¿por dónde la encontramos? Creo que no existe ninguna fuente mejor que Dios mismo, quien es amor y la fuente de todo amor. No hay mejor ejemplo que Jesús, quien nos modeló el amor (aun hacia los difíciles y cuando le costó muchísimo), y quien nos ofrece el amor incondicional que anhelamos. No existe ninguna guía mejor que la Biblia, que nos muestra qué Dios ama y cómo debería ser el amor, en vez de lo que las ideas inconstantes de nuestra cultura tratan de decirnos. No existe un poder mejor que el Espíritu Santo, Cristo mismo viviendo dentro de nosotros, para ayudarnos a amar cuando es imposible hacerlo por nuestra propia fuerza.

El cristianismo siempre se ha definido por su amor. En diferentes lugares y tiempos, los seguidores de Cristo han olvidado eso, se han desviado por la cultura, han fallado y han modelado muchas cosas que no son el amor. Y a veces, aun con la ayuda de Dios, es difícil sabor como amar bien. Pero en Dios (más específicamente, en Cristo) tenemos la fuente, el ejemplo, la guía y el poder para poder vivir vidas de amor.

Si tú, como muchos otros, anhelas que nuestro mundo sea un lugar del amor, te animo a establecer esa conexión con Jesús, o (si ya eres cristiano) examinar cuidadosamente tu vida en la luz de su ejemplo y dirección.

El amor es todo lo que necesitamos. Siempre que entendamos que “el amor” es “Dios”.

 

Wallpaper gracias a Analaurasam.
https://analaurasam.deviantart.com/art/wallpaper-all-you-need-is-love-388228814

Cuando tembló la tierra…

Cuando tembló la tierra…

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Han pasado casi cuatro meses desde el temblor.

Terra y yo estábamos en una Mega, un supermercado grande. Mis memorias del evento son un poco caóticas: sentí que algo andaba mal, y de repente me di cuenta que era un terremoto; vi una botella de refresco que había explotado volando por el aire; traté de jalar a Terra por la mano para salir más rápido – ella estaba tratando de colocar la comida en un lugar seguro; traté de saltar un poco de líquido en el piso (de una botella rota), pero era difícil porque tanto el líquido como el piso estaba moviendo; miré hacia arriba y vi las luces meciéndose y me pregunté se algo – ¡como el techo! – iba a caer sobre nosotros; vi dos empleos de la Mega guiando a una compañera que estaba llorando y obviamente atterada. Y ya, había terminado, y estábamos parados fuera de la Mega, tratando de procesar lo que había pasado y decidir qué debemos hacer ahora.

No quiero dramatizar la situación demaciado. No tenía miedo en el momento – solo sabía que tuvimos que salir de la tienda y me enfoqué en eso. Y los momentos iniciales después del evento eran tranquilos también. Nos enteramos muy pronto (dentro de 10 minutos) que los niños y sus escuelas estaban bien, y íbamos en esa dirección para recogerlos. Nos comunicamos con familia y amigos para decirles que estábamos bien. No había daño muy obvio donde estábamos, ni en el camino hacia la escuela, entonces el temblor parecía grande, pero nada muy serio. Fue más interesante que espantoso, ¡aunque nos dio una inyección de adrenalina!

Fue solamente después de llegar a la casa que empezamos a entender la severidad. Se derrumbaron más de 30 edificios, había entre 3000-4000 más con daño, y más de 350 personas murieron – aunque no sabíamos esas cifras por unas semanas. A decir verdad, en una ciudad de más de 20 millones de personas, no era mucho daño. Lo que era más impactante es que había tres edificios derrumbados a solo unos cuadros de nosotros (la foto arriba es de uno de ellos), y las casas de algunos de nuestros compañeros de trabajo habían sufrido tanto daño que tenían que pasarse a otras casas (la nuestra salió bien). Al descubrir eso la situación se hacía más surreal.

Durante la siguiente semana, nos acostumbramos a calles cerradas, una multitud de gente trabajando para quitar escombro y rescatar personas (o recobrar cuerpos, tristemente) y el ruido constante de ambulancias. Parecía que la ciudad estaba en un trance por las primeras semanas, y ha ido recobrándose poco a poco desde entonces. Por la mayoría de la gente, las cosas son normales, aunque definitivamente no por los que perdieron familia, amigos, bienes o casa. Tampoco por los que perdieron la seguridad de vivir cada día sin preocuparse sobre cuando la tierra va a temblar otra vez, una pérdida mental y emocional que puede durar mucho. Yo sé que esa preocupación me toca a veces, cuando estoy caminando o manejando, y de repente tengo la necesidad de identificar el lugar más seguro por si acaso otro temblor llegue. Busco a mi alrededor para encontrar el edificio más corto que es menos probable caer en un terremoto.

Pero para mi, hay una realización que me impactó más que cualquier otra:

La vida es preciosa, pero también es muy corta.

Había dos cosas que me hicieron reflexionar en esta idea. La primera fue la reacción de todos a los edificios derrumbados. En una manera impresionante, que pasa cada vez que hay un desastre, todos se unificaron para hacer todo lo posible para ayudar a los en necesidad – sobre todo los que estaban atrapados bajo el escombro. Era increíble ver todos ayudando. Llegaron a los sitios de los derrumbes un montón de recursos (medicamentos, agua, comida, etc.). Gente se ponía en fila por horas para tomar su turno en cavar y quitar escombro. Toda la ciudad, por unos días, se enfocaba en salvar vidas. La vida es algo que se puede dar por supuesto – ¡hasta que hay una amenaza a ella! En ese momento, uno da cuenta en cuál preciosa es la vida.

La segunda cosa que me hizo reflexionar fue escuchar de las personas atrapadas que eventualmente murieron porque los rescatadores no pudieron llegar a tiempo. Hay pocas cosas que me han hecho meditar profundamente sobre el valor y la fragilidad de la vida como este pensamiento: ¿Qué haces cuando estás atrapado y sabes que tal vez no vas a escapar con vida?

Este pensamiento, obviamente, es atemorizando por muchos. Fue así para mi. Uno no puede pensar demasiado en este tema sin sentir un poco de miedo y ansiedad. Vivimos en una sociedad que está relativamente segura, donde podemos empujar la idea de la muerte a los márgenes de nuestros pensamientos. Pero después de vivir por un terremoto donde gente viviendo muy cerca a ti ha muerto hace que uno reflexione sobre temas de este tipo. Por un lado, hace que me sienta muy feliz por estar vivo, sobrecogido por cuan valiosa y preciosa es la vida, y cuán fuerte es el deseo seguir viviendo. Por el otro lado, me hace pensar – ¿Estoy yo listo para morir?

Y por aquí llegamos al asunto que mencioné en mi último post – ¿qué nos pasa después de la muerte? Este temblor otra vez me hace reflexionar sobre cuán misteriosa es esa pregunta. No tenemos nada de videos de la vida después de la muerte, ninguna manera de estudiarla objetivamente o cuantificarla, y ninguna cuenta confiable sobre lo que nos pasa después de la muerte. Las cuentas que tenemos varian mucho y son muy sospechosas, por decir lo menos. Tenemos que tomar las mejores decisiones posibles utilizando implicaciones y cualquier evidencia circunstancial que podamos encontrar. La verdad es que para muchos, esta no es una realidad muy cómoda. Sin embargo, creo que vale la pena considerar las opciones y la evidencia, porque algún día, vamos a morir todos, nos guste o no. Entonces, por lo que vale, aquí son mis pensamientos sobre el asunto.

Como lo veo yo, hay tres ideas principales que nuestra cultura propone como opciones por lo que nos pasa después de la muerte. Estas tres son el nihilismo, la reencarnación, y Dios (el cielo o algún tipo de vida después de la muerte). Creo que cada una de estas ideas tiene evidencia en favor y en contra, y también implicaciones importantes por nuestra vida cotidiana. Pero en vez de solamente escribir sobre ellas, me gustaría imaginarlas.

El nihilismo

Primero el nihilismo. Ponte en el lugar de alguien atrapado en un edificio derrumbado. Tu celular ya ha muerto. Puedes escuchar a la gente, pero no tienes fuerza para contestar. Tu garganta está completamente seca, y tu panza muy vacía. Ya han pasado unos días – por lo menos, crees que es así. Atrapado en la oscuridad, es difícil estar seguro. Nadie te ha llegado. Has reflexionado sobre tu vida, tu familia, tus queridos. La esperanza ha desaparecido y no puedes seguir más. Cierras tus ojos y luego…nada. No hay oscuridad. Tampoco paz, ni una luz, ni nada. Ya has desaparecido. Tu cuerpo ya está, pero “tú” no. Y junto con eso, todo lo que te era importante. Todo lo que has tratado de lograr y obtener – desaparecido. Tu familia – desaparecido. Las experiencias y la sabiduría que has luchado tanto para acumular – desaparecido. Es como si nunca hubiera existido.

Este punto de vista (el nihilismo) propone que la vida no tiene ningún significado, propósito o valor. Se encuentra muchas veces va junto con el naturalismo, que dice que este mundo surgió únicamente a través de procesos naturales, y que nada más existe aparte de este mundo.  El nihilismo tiene algunos aspectos que llaman la atención de varias personas. Primero, esta idea enfoca exclusivamente en este mundo que podemos ver y tocar, que para muchas personas (sobre todo en la cultura secular del occidente) es la totalidad de nuestra vida. No hay que preocuparse por las cosas espirituales que pueden parecer tan escurridizo y inseguro. Segundo, por lo menos en alguna manera, provee libertad de los requisitos y expectativas que la religion o creencia espiritual nos pone. Por los que quieren controlar su propia vida y destino, este punto de vista parece ideal.

Pero desde mi perspectiva, tiene un número de problemas importantes. Primero, niega nuestro deseo de vivir. He escuchado a diferentes ateos describir la muerte como un tiempo de paz, y libertad de los problemas de la vida, pero no creo que eso sea una manera apropiada para describirlo. No es la paz – es nada. Tú dejas de existir. Todas tus experiencias, todo lo que has aprendido, toda tu sabiduría (si de veras eras sabio) desaparecen. Tus anhelos, sueños, ambiciones, amores, familia, amigos – desaparecidos. Y de ahí surge la pregunta: ¿Qué es el punto de la vida? Este no es un nuevo pensamiento – varios ateos (muchos? la mayoría?) confiesan que la idea de no existir es un poco incómodo y desilusionado por ellos. Y me pregunto: ¿Si estamos tan enfocado en vivir, y si la vida es tan preciosa y nuestro deseo de vivir tan fuerte, porque escogeríamos creer en algo que niega esa parte de nosotros? ¿Por qué nos molesta la muerte de alguien importante a nosotros? Por qué tratamos de salvar las víctimas de un terremoto? Algo dentro de nosotros clama por la vida, y implica que la vida es más que lo que podemos ver ahorita. Esto parece caber en el patrón de deseo-cumplimiento que vemos en la vida: Tenemos hambre, y existe comida para llenar este deseo. Tenemos sed, y existe agua para satisfacernos. Deseamos el amor, y existe gente para llenar este deseo. Deseamos vivir – ¿no tendrá sentido que este anhelo muestra que existe una realidad para cumplir este deseo? Esta es una inferencia  y no evidencia directa (que no existe), pero es una inferencia fuerte.

Segundo, las implicaciones por nuestra vida cotidiana son grandes. Si no existe nada después de esta vida, si de veras no somos nada más que un accidente cósmico y que no somos mejores que cualquier otro animal, entonces no tenemos ningún valor intrínseco. No tenemos ningún motivo para vivir por algo más grande que obtener lo que podemos en esta vida y disfrutarlo al máximo. Les ha costado a muchos en nuestra sociedad esta falta de valor y propósito. Otros se han esforzado completamente en obtener lo más posible. Tal vez este estilo de vida es bueno si vives en el mundo rico del occidente, pero no si vives en una barriada en partes pobres del mundo.

Tercero, si no existe ningún Dios, entonces no hay un bueno y malo objetivo, y no tenemos ningún base por la justicia. Si la sociedad decide que el sacrificio de los niños o la eugenesia es lo correcto, entonces eso es tan válido como cualquier otro sistema. Pero decida lo que decida la sociedad, no tenemos ninguna razón para obedecerlo y ellos no tienen el derecho de castigarnos, porque es nada más una construcción social. ¡Pero la realidad es que todos clamamos por la justicia! Clamamos contra las maldades de este mundo al mismo tiempo que decimos que lo bueno y lo malo son completamente subjetivo. No tiene sentido, a decir verdad. Es interesante notar que mientras que nuestra sociedad afirma no creer en Dios, hemos pedido prestado muchos conceptos que fluyen mas naturalmente desde una perspectiva teísta que desde la perspectiva naturalista. La justicia, el amor, el valor de cada persona, la compasión – todos estos conceptos son al contrario a la perspectiva naturalista que cabe mejor con el nihilismo y el naturalismo.

Por fin, ¿dónde están la esperanza y la consolación dentro de esta creencia? Estoy refiriendo sobre todo a los que han experimentado una pérdida. ¿Puedes imaginar diciéndole a un padre que a penas ha perdido su hijo en le terremoto que su hijo ha dejado de existir, y que nunca lo van a ver de nuevo? ¿O que sus restos van a fertilizar la vida de otros en el planeta? ¿O a los pobres y oprimidos que la injusticia que se enfrentan es pura mala suerte, y que nunca vana a recibir nada mejor y sus opresores probablamente nunca van a ver la justicia que merecen?Para mi, esto no da nada de consolación.

Al final de cuentas, no entiendo por qué creen algunas personas esta idea. No está de acuerdo con nuestros sentimientos y deseos, no nos da esperanza ni consolación, y no está de acuerdo con las cosas que decimos tienen valor en nuestra sociedad. Si crees en estas ideas, me encantaría escuchar tus opiniones sobre cómo esta idea mejora la humanidad y nuestra experiencia de vida, porque yo no lo veo. Sí, puede ayudar a alguien que quiere justificar su manera de vivir y vivir sin restricciones ni guía, pero no creo que ayude a la sociedad por nada.

La reencarnación

¿Y qué de la reencarnación? Regresamos a nuestro escenario de estar atrapado. Sino que esta vez, cuando te mueres, ¡de repente te despiertas de nuevo! Ahora eres un pájaro, saliendo de tu huevo (quien sabe cuánto tiempo ha pasado). ¡Por fin sales! Comes tu primera cena – un gusano regurgitado. ¡El favorito de todos! Y por fin, después de semanas de comer y crecer, tu mamá te echa del nido y tomas tu primer vuelo. Pronto estás volando sobre cañones y montañas. ¡Qué euforia!

Excepto… eres un pájaro. No sientes la euforia. De hecho, no sientes nada de emociones. Ni reflexionas sobre cuan impresionante es ser un pájaro. En realidad, no tienes ningún pensamiento profundo. Comes. Duermes. A veces, dependiendo del tipo de pájaro y dónde vives, tú defecas en la gente. Ni siquiera disfrutas ese hecho. Tú nada más…vives. Y después, mueres. Tal vez la próxima vez regresas como una persona – pero esa persona no recuerda nada de su vida anterior. Tal vez el karma que ganaste en esta vida se pierde por el siguiente idiota que eres, que no se da cuenta que está perdiendo todo el karma y regresándote al estatus de un gusano (aunque, como siempre, no vas a estar consiente del hecho que eres un gusano). Tal vez – ¡que horrible! – vas a ser un cristiano o un ateo que ni siquiera cree en el karma y que les enseña a otros que la reencarnación es una idea ridícula. ¿Sería eso un paso adelante? ¿O hacia atrás? No importa – no vas a saber ni te va a importar, porque de todos modos no vas a saber como quién iniciaste este proceso de reencarnación. Tú, como una person, ya no existes más. Tú has desaparecido.

Hay variaciones de esta idea de la reencarnación, sobre todo en cuanto al propósito final. Algunos creen que la meta es lograr la unificación con una fuerza de vida impersonal. Otros creen que el resultado es nuestra aniquilación – que eventualmente nos escapamos de esta vida y el ciclo de renacimiento. Estoy seguro que otros creen que es algo que se repite, y que seguimos en el ciclo de reencarnación ad infinitum (para siempre). La vida sigue para siempre.

Puedo entender la atracción de este modo de pensar. Imaginar que después de esta vida podemos vivir otra es mucho mejor que desaparecer por completo. También provee por lo menos un poco de motivación para vivir una vida buena, o por lo menos se puede utilizar esta creencia en esa manera. Si vivo una vida buena, entonces obtendré una reencarnación como algo o alguien mejor y estar más cerca a la libertad/la perfección/el escape que estoy persiguiendo. Y si somos honestos, ¿quién no ha querido ser un águila volando sobre el Gran Cañon, o un dolfín, o algún otro tipo de animal o persona?

Pero otra vez, esta idea tiene algunos problemas. Primero, no puedo encontrar ninguna evidencia por ella. Sí, hay algunos que dicen que eran una persona o animal en una vida anterior, pero cuán creíble es eso? Hay muchas otras explicaciones posibles por estas “memorias” – la imaginación, trastornos psicológicos, experiencias o fuerzas espirituales, etc. Pero la falta de evidencia empírica se puede aplicar a cualquier de estas ideas sobre nuestro destino final, entonces, este problema no es muy notable.

Segundo, al final de cuentas, yo, como individuo, desaparezco. En este momento, sentado aquí escribiendo este post, no tengo ninguna memoria (si aceptáramos que la reencarnación fuera cierta), de lo que yo era antes. Cualquier persona, o animal, o cosa que yo era antes ha desaparecido. Que significa que yo también, y todo lo que soy ahorita, voy a desaparecer. Terminaré de existir, y todo lo que amo y hice no significará nada en mi vida siguiente. Ahora, algunos van a decir que todas nuestras vidas van a tener valor en la “vida intermedia” (entre vidas), pero, aparte del hecho que ni siquiera sé si eso existe, eso no me da nada de consolación. ¿Puedes imaginar el complejo de identidad que vamos a sufrir después de ser muchas personas diferentes en muchos tiempos diferentes? Pero con más seriedad, la meta de la reencarnación es o unirnos con algún tipo de fuerza de vida impersonal (en cual caso yo ceso de existir) o escaparnos completamente del ciclo de vida (en cual caso yo ceso de existir), o, en algunas variaciones más modernos, seguir para siempre en el proceso de renacimiento (en cual caso yo ceso de existir, porque ninguna existencia me impacta en esta vida). En cualquier caso, la persona que soy ahorita no importa, o no importará después de la muerte.

Tercero, como el nihilismo, esta creencia tiene implicaciones negativas para nuestra vida presente. Si mi meta es obtener una reencarnación mejor, entonces mi vida se convierte en algo intrínsecamente egoísta. Sí, tal vez hago cosas buenas, pero solamente porque me traen algún beneficio en el futuro. Si no me benefician, no los hago. ¿Y quién decide qué califica como algo bueno? Vemos ahorita que estamos menospreciando las ideas y costumbres de generaciones anteriores, aunque ellos pensaban (por lo menos en muchos casos) que ellos estaban mejorando el mundo o viviendo una vida buena. Seguramente en los años que vienen la gente va a mirar a nuestra generación y burlarse de nosotros y algunas de nuestras ideas de “lo bueno” y “lo malo”.

Pero yo creo que los que de veras buscan una reencarnación mejor son la minoría de los casos. La realidad es que la mayoría, creyendo que se van a reencarnar, pueden vivir en la manera que les conviene porque saben lo que terminé de explicar – sea que sea su “nivel” de reencarnación, no van a recordar esta vida, entonces es alguna otra persona que va a pagar cualquier reencarnación negativa que ellos han ganado. ¡Yo puedo hacer lo que quiero! Y también hay otras conclusiones que vienen de esta idea de reencarnación. Mira a la sociedad que desarrolló en la India con su sistema de castas – una sociedad basada primeramente en esta idea del karma y la reencarnación. Como lo entiendo yo (no lo he estudiado por unos años), el sistema de reencarnación en la India dio ocasión a la creencia que los que sufrían o nacían dentro de las castas más bajas estaban nada más recibiendo los resultados de su vida previa. De acuerdo con esta creencia, ayudar a una persona era interferir con el castigo que habían ganado y con su habilidad de obtener una reencarnación mejor en su siguiente vida. Por eso, Madre Teresa parecía tan extraña cuando ella trató de ayudar a la gente. Creer en la reencarnación resulta en una vida enfocado en si mismo, y nos suelta de la responsabilidad por nuestras acciones. Desde otra perspectiva, he hablado con personas que me dicen que la gente que comete hechos malos (desde el abuso hasta el asesinato) están solamente actuando de acuerdo con la vida que habían logrado por sus actos anteriores (en otras vidas), y que no merecían la culpa por sus acciones. Ni estaban equivocadas en sus acciones. Esta creencia me asusta y me preocupa.

Entonces otra vez, me cuesta creer que la reencarnación es algo positivo para mí como individuo (yo ceso de existir) o por la sociedad (es egoísta, excepto por los que quieren obtener una reencarnación mejor, quien todavía tienen motivos egoístas). La posibilidad de ser algo o alguien diferente suena muy padre, pero sin ninguna evidencia para sostenerla, creo que es nada más que una ilusión.

Dios

Por fin, ¿qué de la idea de Dios? Otra vez regresamos al scenario dado. Estás atrapado. No has tenido comida ni agua por días. Lentamente pierdes la lucha y te mueres, y de repente te encuentras en la presencia del Ser más increíble y incomprehensible que jamás hayas visto. ¿Cómo respondes?

Creo que tu reacción varia mucho dependiendo de tu vida y cómo la has vivido. Habrá mucha gente que se sorprenderá de una manera negativa. Tal vez aun estarán enojados o beligerantes. Por el otro lado, habrá muchos que darán un suspiro profundo y caerán en los brazos (si podemos decir eso) de ese ser divino que han deseado conocer. Sé que el concepto de Dios (sobre todo y específicamente en el sentido cristiano, que es el más común tanto en mi situación actual en Latinoamérica como en Canadá) es ridículo o perturbador a muchos. Pero creo que esta es la opción que mejor explica nuestros anhelos y realidad como seres vivos, y también que es el mejor guía por nuestra vida cotidiana.

Para mi, la fundación sobre que baso mi creencia en Dios es científica. Actualmente, casi se acepta por todo el mundo que el universo tenía un momento de inicio. No puedo convencerme que el universo saltó a la existencia desde nada, y todos los argumentos que tratan de proclamar que eso es lo que pasó (incluso los del famoso Stephen Hawking) me parecen muy inadecuados. “Nada” no puede producir todo. Por el otro lado, los budistas (el mejor ejemplo de las religiones que creen en la reencarnación) ven el principio del universo como algo irrelevante, y postulan que el universo mismo es parte de la naturaleza cíclica de la vida – cuando termina un universo, empieza otro. En su opinión, la pregunta de orígenes no tiene valor. Sin embargo, esta idea es pura especulación. El hecho es que sabemos que el universo tenía un principio. Un principio implica que algo o alguien lo inició. Junto con eso son las realidades muy complejas de la vida en la tierra (que muestran diseño, que implica un diseñador) y también la existencia de los humanos como seres racionales y contemplativos. Creo que la noción de Dios no solamente es creíble, sino también una posibilidad muy real que tiene una relevancia dramática por nuestra vida y cómo la vivimos.

Entonces, si existe la realidad muy posible de ponernos cara a cara con Dios después de la muerte, creo que tiene mucho sentido intentar a entender quién es ese Dios que vamos a conocer. Ya he dicho que voy a enfocarme en el Dios del cristianismo, pero no creo que sea necesario profundizarnos mucho en la teología cristiana para llegar a algunas conclusiones sobre este Dios. Tratar de explicar a Dios por completo sería un quehacer gigante y más allá del objetivo de este post. Aquí, solo quiero enfocar en tres aspectos de Dios que yo creo son muy obvios aun fuera de la teología cristiana. Estos tres son su grandeza, su “pequeñez”, y su personalidad. Aunque es el último en la lista, quiero enfocar primero en la idea de Dios como una persona, o su personalidad, porque creo que esta idea trae implicaciones a las otras ideas.

El mero concepto de Dios trae consigo la idea implícita de personalidad. Hay muchos debates sobre el carácter de Dios – si Él es lejos de nosotros o cerca, bondadoso o cruel, etc. Pero es muy difícil divorciar el concepto de Dios de la idea de personalidad. Y creo que esto ha sido muy obvio a través de la historia. Mientras que varias culturas han desarrollado conceptos de una fuerza de vida impersonal (como el budismo), ellos no piensan en esa fuerza como “Dios”. Es una fuerza impersonal. Dios (o, en muchas culturas, los dioses) siempre contiene el concepto de una personalidad. ¿Por qué es así?

Anteriormente, mencioné los conceptos de creación y el diseño del universo. Estos dos hechos se asocian con la mente, la planificación, y la creatividad. Son hechos de personas o personalidades, no de fuerzas impersonales. De manera similar, la presencia de una raza de gente capaz de la racionalidad y razonamiento implica fuertemente la presencia de un Dios racional. Aunque es muy común hoy en día mostrar todas las similitudes entre los primates y los humanos, hay que reconocer que las diferencias entre nosotros y ellos son mucho más fuerte que las similitudes. Aunque uno tal vez puede sostener la idea que biológicamente hemos descendido de los primates (una discusión por otra ocasión), hay una diferencia muy grande entre ellos y nosotros en cuanto al razonamiento, el conocimiento de sí mismo, y la moralidad. Mientras que la mayoría de la comunidad científica de hoy trata de decir que estas características surgían lentamente a través de procesos naturales (sin Dios), la mayoría del mundo ha reconocido estas habilidades como dones transcendentes de Dios o los dioses. Los humanos se ve como similar a los animales, pero a la vez completamente diferente y superior. Somos diferentes, y no creo que sea por desarrollo evolutivo. Es verdad que nuestras habilidades y conocimiento del mundo ha desarrollado a través de la historia, pero me cuesta creer que la naturaleza humana ha cambiado mucho. Como lo entiendo yo, los documentos escritos más antiguos que poseemos muestran que la humanidad antigua es casi igual a la de hoy en día. Y las extrapolaciones que hacemos de la historia más antigua (antes de archivos escritos) a menudo sufren de una presuposición que la falta de tecnología indica una falta de inteligencia, una presuposición que se puede mostrar falso a muchos niveles. Sea como sea este asunto, creo que es mucho más lógico creer que nuestra inteligencia, moralidad y la conciencia de sí mismo surgen de otra fuente, una que comparte todas estas características pero en una forma más amplia y completa. Para ponerlo en la lengua de la Biblia, que somos creados “en su imagen”, y que nuestra naturaleza viene desde arriba, y no desde abajo.

Ahora, algunos van a decir que estamos cayendo en la trampa de crear a Dios en nuestra imagen – que durante la evolución de los hombres, hemos creado dioses que nos parecen a nosotros, y que no existe ninguna realidad detrás de ellos. Ciertamente, por mirar a la historia humana, esta es una conclusión posible. Muchos de los dioses antiguos (de los Romanos, Griegos, y otros) parecen a humanos glorificados, y a menudos son tan depravados como los humanos (o aun más). Y aunque el Dios del cristianismo ha perfeccionado estas características en su concepto de Dios, no se puede negar que el Dios que se revela en la Biblia es muy similar a una persona – es una persona en el sentido perfecto (sobre todo cuando aparece en la forma de Jesús). Él es justo, cariñoso, lleno de ira (contra los malos), poderoso, bondadoso, etc. Sería muy difícil juzgar si hemos hecho Dios a nuestra imagen, o si él nos ha hecho en su imagen. Excepto… excepto por lo que mencioné al principio – que la tierra tiene un principio. No podemos haber creado Dios si él es el que creó todo. Dado esto, me parece mucho más probable que nosotros, como criaturas superiores a los de más del reino animal, fuéramos creados en su imagen y que a través de la historia, aunque muy imperfectamente, hemos sentido eso y tratado de explicar quien es este Ser por crear a unos dioses que son más allá de nosotros. Eventualmente, a través de la revelación de Dios (en el judaísmo y luego el cristianismo), hemos llegado al punto de reconocer que hay un sólo Dios que es sobre todo.

Creo que tengo que explicar una cosa más, y eso es ¿por qué, si Dios existe, es él tan escondido de nosotros? En mi mente, la respuesta es muy sencilla y se centra en el hecho que Dios es una personalidad. Hay solamente tres posibilidades por cómo se relaciona Dios con nosotros. La primera es que Dios se esconde completamente de nosotros. Pero la única manera en que pudiera hacer eso es cegarnos a la posibilidad que él existe, y para hacer eso, tendría que quitar mucho (o todo) de nuestra habilidad de pensar racionalmente – una parte gigante de lo que nos hace “en su imagen”. Si no nos quitara esta habilidad, siempre habría personas buscando respuestas sobre nuestra existencia – por qué los humanos son diferentes de los animales, por qué odiamos tanto la injusticia, por qué el amor es tan importante, etc. El hecho de que hacemos estas preguntas muestra que estamos consientes de algo más allá de nosotros (o por lo menos esa posibilidad), y implica que se puede encontrar a Dios. Pero si nos quitara la habilidad de razonar, estaríamos nada más que animales, sin la habilidad de relacionar con él excepto como una mascota obediente. Por el otro lado, Dios pudiera haberse revelado por completo. Pero esto también destruye nuestra libertad y elecciones. O sentiríamos mucho miedo de tomar una decisión incorrecta (porque estaríamos consientes de las consecuencias sin la habilidad de escondernos) o tendríamos que hacer lo que Dios quiere. De cualquier manera, el concepto de amor o una relación es completamente destruida. Si Dios es una “persona” o personalidad, entonces implica que él desea tener una relación con nosotros, y no se puede tener una relación cuando una de las personas la controla completamente. Y por eso quedamos con nuestra realidad actual – la habilidad de concluir que Dios existe, la posibilidad de tener una relación con él, pero también la habilidad de rechazar y ignorar eso. Aunque tal vez no amamos esa respuesta, parece ser la única manera de permitir tanto la libertad autentica como el amor a florecer.

Si, entonces, aceptamos que Dios existe y que él es una “persona” (no una fuerza), entonces podemos enfocar en el segundo aspecto de Dios que yo creo es muy obvio – su grandeza. El concepto de Dios, como está entendido por el cristiano y varias otras culturas y religiones, incluye el concepto de Dios como el creador del universo. Pero es muy fácil afirmar ese concepto sin pensar mucho en lo que significa. Significa que Dios es grande. No solamente “Él puede mover una montaña” grande, sino “Él puede formar el universo completo y hacer todas las leyes para gobernarlo además de sostenerlo en existencia en cada momento” grande. No solamente “Él puede estar en todos lugares al mismo tiempo” grande, sino “Él puede estar en cada lugar y momento en la historia a través del curso de miles, y tal vez billones de años” grande. Aun en nuestros momentos más contemplativos, no podemos entender la grandeza de Dios. Al aceptar eso – que es casi la única conclusión posible si aceptamos el concepto de Dios – trae a la vanguardia dos realidades que a menudo tratamos de ignorar.

La primera es el concepto de alabanza. No somos comparables a Dios. En este sentido, nuestra cultura occidente es muy lejos de casi cualquier otra cultura que haya existido. En nuestra prisa loca de felicitarnos por nuestros mejoramientos tecnológicos, no hemos reconocido que en el mejor de los casos estamos haciendo copias pobres de lo que Dios hizo bueno hace mucho. La ADN humana hace que una supercomputadora parezca como una pizarra y tiza. La capacidad de vuelo de una mariposa o un pájaro da vergüenza a nuestros mejores aviones. Movimientos sencillos, como doblar el codo o ir por una caminata hace que la robótica avanzada parezca muy torpe. Y aunque es verdad que algunas de nuestras innovaciones perecen como aumentos a la naturaleza, una examination minucioso muestra que esta no es realidad. Por ejemplo, es verdad que un pájaro nunca ha llegado a la velocidad de Mach 2, pero también es verdad que un avión nunca ha reproducido naturalmente. Por gratis. Y también sobrevivido en una dieta (también gratis) de gusanos y bichos. Tampoco parece un avión muy rápido cuando se lo compara con otras cosas “naturales” como los cometas (que logran una velocidad de entre 10-70 km/s, en comparación con Mach 2, que es aproximadamente 0.7 km/s). Y eso sin mencionar que aun nuestros logros más impresionantes empezaron con los materiales que hemos recibido, y no con la creación del material mismo. Atrevo a decir que si Dios existe, alabarlo – o por lo menos alguna muestra de reverencia o sobrecogimiento por su poder – es la única reacción adecuada.

La segunda realidad es que él es el que gobierna. Hemos construido una sociedad entera sobre el concepto de la independencia y nuestra habilidad de hacerlo por nuestra cuenta, sin reconocer cuan poco de veras podemos controlar. Ninguno de nosotros escogió la hora, la familia o la locación de nuestro nacimiento. Ninguno de nosotros conoce la hora de nuestra muerte. La mayoría de nosotros luchamos regularmente contra nuestra cólera, cuánto consumimos, nuestros deseos sexuales y nuestras emociones. Podemos escoger nuestra carrera, pero no si la compañía nos despide. Podemos “controlar” nuestra salud, pero fallar miserablemente en evitar aun una gripa común. Podemos tomar la decisión de tener una familia, pero tenemos poco control sobre nuestro sistema reproductivo, y control limitado sobre nuestros hijos después de su nacimiento. Buscamos el control, pero el ruedo donde debemos mostrar más evidencia de este control – el autocontrol – nos elude mucho más frecuentemente de lo que queremos confesar. Sin embargo, cada persona trata de establecerse como un reino pequeño, con confianza en nuestra habilidad de controlar la vida y nuestro alrededor, sin darnos cuenta que nuestra vida es un regalo de una fuente superior. No quiero decir que Dios nos controla, como un Puppet Master controla sus títeres, sino que todo lo que somos no viene de nosotros. Todo lo que tenemos, hemos recibido. Somos mayordomos, no dueños, responsables al que nos hizo. Si creemos en Dios, es inevitable que él está en control, y no nosotros.

Hasta ahora, la representación que tenemos de Dios es la de un ser poderoso, y casi aun tiránico. Entonces giramos de su grandeza a su pequeñez. Por este término, no quiero contradecirme a mí mismo y decir que Dios no es grande. Lo que quiero decir es que, justo como mirar a la infinitud del cielo o del universo revela la grandeza de Dios, también mirar a una hoja de hierba, una mariquita o nuestra ADN revela que Dios es un Dios a quien le importan los detalles, las cosas pequeñas. Mientras que reflexionar sobre las cosas grandes nos muestra su poder y grandeza y las características asociadas con este lado de él, mirar a las cosas pequeñas revela su cariño, su compasión, y su amor. Cuando miramos a la naturaleza a nuestro alrededor, su grandeza nos humilla. Cuando tomamos un minuto para examinar los detalles minuciosos de este mundo, nos abruma el amor que nos ha preparado un lugar tan intrincado y hermoso.

Tristemente, no inferimos este aspecto de Dios tanto como su grandeza. Una razón, por lo menos hoy en día, es que tenemos una noción equivocada de cómo debe ser el amor de Dios. En particular, imaginamos que él debe solucionar todos nuestros problemas o sacar todo el maldad del mundo. Vemos cosas terribles por todos lados, y le echamos la culpa a él y lo usa como un pretexto para negar su existencia en vez de aceptar responsabilidad por la situación y vivir en la libertad y con la responsabilidad que él nos ha dado. Luchamos entre nosotros, y luego le echamos la culpa a Dios por no detenernos. Ignoramos su provisión de vida, su sustento diario, la habilidad de disfrutar este mundo y la guía que nos ofrece, y luego decimos que a él no le importamos porque nuestra vida no es perfecta. Su “pequeñez” muestra que a él le importa este mundo, aun los detalles más pequeños, aun si no interfiere con nosotros en la manera en que deseamos.

Cuando juntamos estas tres ideas, descubrimos un Dios todopoderoso quien creó y sostiene el universo, pero quien se involucra con, y a quien le importa, este mundo – y también nosotros. En su pequeñez, descubrimos un Dios que nos ama y quien conoce cada detalle de nuestra vida y quiere una relación con nosotros. Por su grandeza, recordamos que su amor no niega su rol como rey. Tanto como existen leyes que gobiernan el mundo natural, así tiene Dios expectativas (morales) que deben gobernar nuestras vidas. Por lo tanto, él nos llama a amarnos el uno al otro, evitar algunas cosas y hacer otras, no para agradecerle a él, un Dios enojado, sino para que nuestro mundo y nuestras vidas sean satisfactorios y significativos. Creo que este Dios que podemos inferir del mundo a nuestro alrededor es revelado mejor y más completamente en la Biblia y la persona de Jesús, y que esta creencia (en Dios, en vez de reencarnación o nihilismo) encuentra el balance de darnos esperanza por el futuro, mientras que nos da guía y corrección por el presente. Y más importante por esta discusión sobre la muerte y la vida, Dios se revela como el creador y sostenedor de la vida, y él que nos ofrece esta vida a nosotros.

Y entonces, con las opciones del nihilismo, la reencarnación y Dios delante de nosotros, escojo creer en Dios. Para mi, Dios provee una respuesta mejor por nuestra existencia, nuestro deseo a vivir y implicaciones más fuertes por cómo vivir que las otras dos opciones. Si algún día estoy atrapado en un edificio y estoy cara a cara con la muerte, con todo lo que tengo y soy, desearé vivir y lucharé para conservar mi vida. Todavía existe la incertidumbre sobre lo que sigue esta vida – una incertidumbre que nunca podemos quitar a menos que Dios se nos revela personalmente algún día. Pero la evidencia circunstancial a mi alrededor me hace creer que existe más que esta vida y que Dios sí existe.

Todo esto me trae de vuelta a la realidad revelada por el temblor – el valor y la cortedad de la vida. Es un problema que todos tenemos que enfrentar, pero es un problema con una solución. Y por ahí surge mi fe cristiano muy claramente. Anhelamos la vida y la eternidad, y las encontramos en Cristo. Tememos la muerte, pero Cristo ha conquistado la muerte. No fueron sus milagros ni sus enseñanzas que cambiaron el mundo, aunque los dos eran muy impresionantes. Fue su resurrección. No me malinterpretes – no quiero morir por nada. Pensar en otro terremoto todavía hace que mi corazón se acelere. Pero al final del día, creo que mi vida – ahora y por la eternidad – es sostenido firmemente en las manos de Dios, y que pase lo que pase, estaré bien.

Estoy perdiendo a mi hijo

Estoy perdiendo a mi hijo

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Estoy perdiendo a mi hijo.

Eso era mi pensamiento al despertarme en la madrugada. No, no es que él está muriéndose (¡gracias a Dios!). Ni se lo lleva ninguna persona. Ni siquiera está en rebelión contra nosotros – pues, solamente tiene 12 años. No, me temo que el problema es mucho peor que eso.

Él está creciendo.

Ahora, antes de que te me enojes por haber implicado que era algo grave para que leyeras este post, cuando uno se despierta a las 4 de la mañana, este pensamiento puede ser (y de hecho, fue) muy aplastante. Después de años de anticipar ser un papá, después de 4 hijos y 12 años de construir nuestra familia, de compartir tiempo junto, de observarlos creciendo, aprendiendo, luchando y madurando, es muy difícil aceptar que solamente me faltan 5 años cortos antes de que el primero se vaya, y que nuestra familia, en que hemos invertido tanto amor y esfuerzo, va a disminuir y cambiar. Como decimos en inglés, eso es muy difícil de tragar. Y no es solamente el mayor. Después de que él se vaya, cada 2 años otro va a graduarse e irse. Yo sé que tal vez van a todavía vivir con nosotros a veces, pero solamente por tiempitos. Y sé que todavía los vamos a ver, pero de todos modos… se estarán yendo. Y pronto, se habrán ido.

Y ahorita, ese pensamiento me mata.

Yo sé que no estoy descubriendo nada nuevo. A través de la historia casi todos los padres han tenido que pasar por este rito. Tal vez las situaciones o los sentimientos son diferentes ahora, o más fuertes que eran en el pasado, pero lo dudo. Tal vez nada más soy un hombre muy sentimental que está pensando demasiado. Eso probablamente tiene mucha razón. Pero de todos modos, la realidad es que perder a sus hijos (o a cualquier persona), sea por la muerte, la rebelión, o solamente porque se van, es horrible. Lloramos la pérdida.

Reconozco que me está pegando una ola de lo que llamamos “dolor de anticipación”. La idea de perderlo, o cualquier de mis hijos, es muy doloroso para mi, y tal vez se amplifica porque esperamos estar en México cuando él se gradúa, entonces es muy posible que él vaya a ir a Canadá para la escuela o para trabajar. Entonces, cuando se vaya, puede que se vaya muy lejos. Y me causa dolor pensar en cómo eso va a cambiar la dinámica de nuestra familia, sobre todo porque ahorita, los mejores amigos de nuestros hijos son ellos mismos!

Entonces, ¿qué hay que hacer con esta tristeza y dolor? Podría esforzarme y aguantarlo, porque todavía tengo 5 años más con todos en casa, pero eso no cambia la realidad que eso va a pasar y que los 5 años van a pasar muy rápido. Podría vivir con gratitud que todavía lo tengo en casa, y que aún después de que se vaya anticipamos poder verlo más o menos regularmente. Y sí, estoy agradecido por eso. Podría aceptar que esto es simplemente una parte de la vida, y que tengo que manejarlo. Definitivamente eso es cierto. Pero para mí, de esta situación surge otra pregunta aún más grande.

¿Qué pasa cuando perdemos a él – o yo, u otro de mis hijos, o mi esposa – permanentemente. ¿Qué pasa cuando uno de nosotros muere?

Por ahí encontramos la dificultad. Toda esta pérdida, toda esta tristeza, solamente anticipa el día en que esta pérdida se hace permanente, y estas relaciones a que hemos dedicado tanto tiempo y esfuerzo terminan. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede algo tan precioso, tan valioso, terminar tan bruscamente? ¿Me equivoco por sentir estafado, por sentir que ese resultado no está de acuerdo con lo que sentimos? ¿Por qué, a pesar de las declaraciones de nuestra cultura que creemos completamente en la evolución y que la humanidad tiene que crear su propio significado y que no hay un significado trascendente, le decimos a una niña que nos pregunta sobre Dios que, “De alguna manera u otra todos terminamos en el mismo lugar. Eso es lo que quieres saber, ¿verdad?” (Una cita de la película Un don excepcional”, con Chris Evans y Mckenna Grace – ¡vale la pena verla!) Aunque es una interacción ficticia, resalta nuestro deseo de seguir viviendo, de seguir más allá de la muerte, de no perder lo que amamos y quienes somos.

Entonces, cuando me despierto en la madrugada, angustiado por la pérdida-que-viene, me acerco a Dios, o más específicamente, a Jesús, creyendo que él existe y que la vida trasciende este mundo y que todo lo que experimentamos y las relaciones que son tan importantes no tienen que terminar.

Es cierto que tengo muchas preguntas sobre lo que pasa después de la muerte. No tenemos testigos oculares (con la excepción de Jesús, quien de veras no nos dio muchos detalles sobre lo que viene). Pero las posibilidades son muy limitadas – principalmente hay tres: o dejamos de existir, o seguimos existiendo como las personas que somos (tal vez con algunos cambios), o de alguna manera reencarnamos y/o nos fusionamos en algún tipo de unidad. Claro, hay variaciones, pero esas son las posibilidades principales. Espero poder examinar este concepto la próxima semana.

También es cierto que tengo muchas preguntas sobre Jesús y Dios, pero me estoy dando cuenta que muchas de ellas no surgen de la evidencia o la carencia de evidencia, pero más bien de mis propias presuposiciones que lo hace difícil de creer en algo sobrenatural. A lo mejor puedo abordar ese tema en unas semanas.

Pero mientras tanto, tengo un hijo (o 4) que tengo que acostar. 5 años van a pasar muy rápido, y tengo ganas de disfrutarlos.