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Este post es la cuarta parte de una serie que se llama “fe sencilla” que tiene el propósito de destacar los conceptos sencillos de la fe cristiana. Se puede ver los primeros tres posts aquí,  aquí, y aquí.

Siguiendo nuestra discusión de las verdades sencillas del cristianismo, llegamos al segundo concept: Nosotros hemos desobedecido a Dios (pecamos). El resultado es que existen muchos problemas en el mundo- sobre todo la muerte.

Decir que hay un debate sobre cada aspecto de este concepto sería muy cierto. Hay un debate sobre la existencia de Dios y si de veras existe alguien a quién tenemos que rendir cuentas. Luego hay debate sin límites sobre la naturaleza de la humanidad – ¿somos una mezcla de lo bueno y lo malo (como vemos en el símbolo del yin y el yang? O ¿Somos buenos de naturaleza, o malos? Hay algunos que niegan por completo que exista el pecado, y aun cuando alguien reconoce que los humanos hacen muchas cosas malas, a menudo trata de decir que no es por el pecado , sino por otras causas, como la sociedad, lo que nos pasó cuando éramos niños, heridas que hemos sufrido, etc. Y claro, hay debate sobre la naturaleza de la muerte – ¿es una realidad biológica que tenemos que aceptar, o un enemigo contra quien debemos luchar con todo?

El cristianismo toca en cada uno de estos temas en profundidad, con argumentos complejos sobre Dios, la naturaleza humana, la moralidad y la ética, y la naturaleza de la muerte. Pero el concepto que mencioné es muy sencillo: Nosotros pecamos, el mundo está quebrantado, y el resultado es la muerte. Unas palabras sobre cada una de estas ideas será suficiente por este proyecto.

Si aceptamos como nuestro punto de partido que Dios existe, entonces tiene mucho sentido que Él tiene pautas y expectativas para nosotros. Cada padre en el mundo tiene expectativas para sus niños y su comportamiento. Cada jefe de una empresa tiene expectativas para sus empleos. Cada persona encargado de un proyecto tiene pautas para los bajo su cargo. Si Dios nos creó, entonces claro que tiene expectativas y pautas para nosotros.

Y a pesar de todo el debate sobe qué, exactamente, es correcto y qué no, creo que la mayoría de personas es muy bien alineado sobre las cosas que causan daño y que nos duelen. Podemos discutir a nivel teórico, pero normalmente podemos identificarlos muy rápido si los experimentamos. ¿Alguien nos roba? Eso es malo. ¿Alguien nos maltrata? También es malo. ¿Nos estafa? Malo. ¿Es arrogante y nos menosprecia? Malo. ¿Es codicioso? Malo. De hecho, si miramos a las descripciones clásicas de lo bueno y lo malo, como los diez mandamientos, los 7 pecados capitales, las listas que nos da Pablo (p.e. Gálatas 5:19-21), u otros pasajes en la Biblia, descubrimos que la mayoría de personas las ve y reconoce rápidamente que esas cosas son dañinos, sobre todo si nos ponemos en la posición de ser la persona ofendida. (Este es el punto de vista mejor, creo, porque tendemos a justificar nuestras propias acciones cuando ofendemos a otros, pero reconocemos su naturaleza destructiva y dolorosa si pensamos en otro haciéndolas a nosotros.)

También, todos sabemos que desobedecer las reglas lleva a consecuencias negativas, sobre todo en cuanto a nuestra relación con otras personas. El niño que miente va a descubrir, tarde o temprano, que esto destruye la confianza. Y si rehusa a cambiar, esta destrucción va a crecer. De hecho, si desobedece constantemente, va a descubrir (o revelar) no solamente consecuencias externas como relaciones destruidas, sino también consecuencias internas como un carácter malformado que no es digno de la confianza. Así es con todo tipo de pecado – causa no solamente daño externo, sino también daño interno. Por eso, el mundo está quebrantado – todos somos pecadores que nos lastimamos a nosotros mismos y a otros. A veces lo hacemos sin querer, pero en otras ocasiones, es muy intencional.

Y eso nos lleva al punto final, la muerte. El pecado es destructivo, y su fin es la muerte (tanto físico como espiritual, que es la muerte más profundo a que la muerte física nos apunta). Eso es lo que encontramos en el libro de Santiago 1:14-15, “Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumido, da a luz la muerte.” Desde la perspectiva cristiana, la muerte no es parte de la creación de Dios – es algo ajeno, el resultado del poder destructivo del pecado. Dios nos creó para la vida, y la muerte es el enemigo.

Creo que casi todos están de acuerdo que somos creados para la vida, aun si lo expresamos de diferentes maneras. Casi todos tienen ideas sobre lo que va a pasar después de la muerte, sea la reencarnación, ir a un lugar mejor, llegar a ser uno con el universo, etc. Todos estamos de acuerdo que queremos vivir o continuar de alguna manera. Aun los que completamente niegan la existencia de vida después de la muerte expresan incomodidad con la idea. La muerte es “normal”, pero no es natural o bienvenido.

Entonces vemos que cada concepto es sencillo y lógico. Si Dios existe, tiene pautas para nuestro comportamiento. Por lo general, estamos conscientes de esas pautas, y si las violamos, hay consecuencias destructivas que son tantos externas como internas. Ya que todos desobedecemos estas pautas, el mundo está quebrantado. Somos quebrantados (por lo menos) o aun intencionalmente rebeldes. Y dado que el pecado es destructivo, forzosamente nos lleva a la muerte – muerte física y muerte espiritual.

Es cierto que este concepto no es exactamente reconfortante, pero es sencillo y tiene sentido. Y cabe muy bien con nuestra experiencia cotidiana – el pecado existe y es destructivo.

Pero también es importante personalizar esta idea:
Yo, por lo general, entiendo lo bueno y lo malo
Yo escojo demasiado comúnmente hacer lo malo (estoy quebrantado y/o rebelde)
Yo sé que el pecado tiene un efecto negativo y dañoso en mi vida, y
Yo sé que la muerte se acerca, y que mi pecado es un problema, tanto porque me destruye como porque tengo que contemplar la posibilidad de ponerme frente a Dios, quien estableció las pautas que ignoro tanto.

Y creo que lleva a una conclusión más:

Yo necesito ayuda para quitar este pecado de mi vida.

Una vez más, mantener la sencillez nos ayuda a ver con más claridad – aun si lo que se revela no es muy emocionante.

2 thoughts on “El Pecado y La Muerte

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