¿Aún necesitamos a Dios?

¿Aún necesitamos a Dios?

English version

Algo me ha estado molestando por un rato. Por un buen rato, a decir la verdad. No sé exactamente cómo explicarlo, pero intentaré.

Crecí en un hogar muy cristiano. Y lo digo de la mejor manera posible. Parece a la moda poner por los suelos el cristianismo “tradicional” con todos sus problemas, pero eso no era mi experiencia. Mi familia y iglesia, aunque no perfectas, obviamente, eran muy buenas. Mis abuelos y padres eran (y son) personas y cristianos ejemplares, modelos que deseo que todos tuvieran. Había problemas en nuestra iglesia, como la mayoría, pero también había gente muy devota y la enseñanza no se escondía de temas difíciles. Fue completamente evangélica y en muchos casos hasta fundamentalista. Pero fue buena. Crecí con mucho amor, mucha oportunidad de hacer preguntas, buscar respuestas y crecer, y un entendimiento muy claro de lo bueno y lo malo y cómo vivir para Dios.

Como parte de ese crecimiento, siempre he aprendido la creencia ortodoxa que las personas son pecaminosas por su naturaleza y por eso separadas de Dios. Que ellos son, en una palabra “malos” (pecaminosos). Eso me incluye a mí, obviamente, y cualquier otro cristiano, para no parecer demasiado crítico a otros. La enseñanza es que todos somos pecaminosos y que solamente con Cristo podemos cambiar y crecer y convertirnos en “buena gente”1. O sea, que es Dios viviendo dentro de nosotros y nosotros obedeciendo sus mandamientos que nos hace “bueno”. Pero entre más vivo y observo a la gente, más difícil es mantener esta perspectiva simplista (quiero clarificar que mi perspectiva en este punto nunca ha sido tan simplista como lo presento aquí, pero poner la idea en su forma más básica ayuda a explicar la lucha que siento). En pocas palabras, hay muchas personas que parecen ser buena gente y vivir vidas buenas, pero lo hacen completamente sin Dios. Muchos de ellos hasta están muy en contra de Dios. Y cuando considero eso junto con los avances científicos que parecen explicar todo el mundo sin referencia a Dios, surge a la mente una pregunta asombrosa que me ha estado molestando:

¿Aún necesitamos a Dios?

A nivel superficial, parece que la humanidad y el mundo occidental (porque no puedo hablar por lo demás del mundo) están avanzando con rapidez. Nos rodean mensajes que afirman que la humanidad necesita amarse y ayudarse los unos a los otros, eliminar el racismo, el sexismo, el “bullying” y muchas otras cosas que son malas. El mundo está progresando en muchos respetos con remedios a varias enfermedades, resoluciones a diferentes problemas, etc. Es casi imposible leer media social sin encontrar un buen número de historias que te hacen sentir bien y son muestras de la bondad de la naturaleza humana y el progreso de la humanidad. Y la mayoría de esto dentro de una cultura que cada vez más está rechazando a Dios en general, y Jesús en particular. Entonces otra vez surge la pregunta, ¿aún necesitamos a Dios?

Tal vez es más útil no hablar de “los demás” y enfocarme solamente en mí mismo. Creo que una parte del desafío de esta pregunta es que estamos tratando de “juzgar” a otros (evaluarlos) sin poder ver lo que está pasando por dentro. Las apariencias pueden ser decepcionantes. Es difícil saber qué está pasando en el corazón de otra persona o cómo son de verdad cuando solamente vemos trozos de su vida o escuchamos historias seleccionadas. Pero cuando miro a mí mismo, puedo ver la verdad e identificar las necesidades que yo tengo.

Entonces, ¿qué veo en mí mismo? Por apariencias, probablamente califico como uno de esa “buena gente” que he mencionado. Mi trabajo se dedica a ayudar a otros. Estoy felizmente casado, no me meto en apuros, intento ser un buen padre a mis hijos. Tengo un trabajo constante y estoy contribuyendo a la sociedad. Todas las cosas que son buenos hacer. Sin embargo, cuando miro a mi propia vida, identifico fácilmente cuatro areas claves donde creo que Dios es tanto relevante como necesario:

La vida. He pasado los últimos dos meses completamente cautivado por el misterio de la vida y la pregunta de qué viene después de la muerte. El hecho de que la vida aun existe es ridículo – no hay ninguna razón lógica por ella. El hecho de que yo existo y vivo es increíble. ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué estoy yo aquí? ¿Y por dónde voy? Es muy fácil vivir nuestra vida sin reflexionar sobre preguntas como estas, pero en algún momento, la mayoría de nosotros reconoce la maravilla y lo absurdo de la vida. En mi caso, tal vez es por haber cumplido 40 años y llegado a la etapa de mediana edad. Pero independientemente de la razón por obsesionarme sobre este tema, ciertamente no estoy solo en hacerlo. El significado de la vida siempre ha sido una de las preguntas básicas de la humanidad. ¿Por qué existimos?
Vez tras vez, mis reflexiones sobre el tema me llevan a Dios. No puedo aceptar el concepto que “nada” creó todo – sobre todo cuando todo lo que existe es tan increíble y complejo. Tampoco puedo creer que somos espíritus reciclados que damos vueltas y vueltas hasta algún día poder escaparnos de esta carrera de ratas. Los dos conceptos quitan la vida de su significado, propósito y valor. No somos importantes como individuos – solamente somos partes de una máquina indiferente. Aunque los que creen en estas cosas tal vez no viven de acuerdo con esa idea, eso es solamente porque no están actuando de acuerdo con sus creencias. Los conceptos en sí no se llevan a ninguna otra conclusión. Pero con todo lo que soy deseo tener valor, propósito y significado. Y solamente un Dios (un ser personal y sobrenatural) parece ofrecer tanto una explicación para la vida como la posibilidad de que esa vida continuará después de la muerte. Sin Dios, siempre vamos a vivir con un corriente subyacente de desesperación y falta de significado, no importa cómo lo tratemos de esconder.
La guía. Cuando miramos a nuestro alrededor, hay una falta de certeza tremenda y aun conflicto sobre cómo debemos vivir. Aunque la ciencia e investigaciones proclaman ciertas ideas y tendencias sobre qué es mejor, tan rápido como lo proclaman hay otros estudios con conclusiones diferentes. El resultado final es todos creando sus propios principales y pautas para la vida basados en cualquier cimiento que escojan. Lo que es muy interesante es la contradicción en estas ideas, sobre todo visible en media social: Debemos amar a todos – excepto los que vamos a avergonzar por diferentes razones; así debes vivir – aunque confieso libremente que no tengo ni idea qué estoy haciendo en la vida; #metoo – y no olvides apoyar la industria de pornografía, que definitivamente les empodera a las mujeres. Es un mundo impresionante de contradicción y auto justicia. Pero cuando permitimos que Dios nos dirija (hablando específicamente de Cristo y la Biblia), tenemos pautas muy claras sobre lo bueno y lo malo. Bueno, podríamos hablar mucho sobre si los cristianos hacen estas cosas o no, y hay algunos temas que todavía generan incertidumbre (como redefinir los papeles de hombres y mujeres en una sociedad moderno y exactamente cómo entender y aplicar las enseñanzas de la Biblia sobre la homosexualidad), pero por lo general la guía que encontramos en la Biblia sobre cómo relacionarnos con Dios, el mundo y entre nosotros nos da unas pautas muy claras por cómo vivir. Y yo diría que la gran mayoría de personas que vive una vida “buena” sin Dios lo hace basado en enseñanzas bíblicas, lo acepten o no.
Ayuda. No importa cuánto proclamemos entender sobre el universo o cuán competentes nos declaremos ser para enfrentar la vida, es muy raro encontrar alguien que no clame a Dios por ayuda fuera de sí a veces. Muchos en el mundo todavía viven con la necesidad de ayuda cotidiana. Y esta ayuda no es solamente por necesidades físicas. Muchos luchan con problemas más profundos, como el temor, la culpa y la vergüenza. Sienten la necesidad de saber que hay alguien más allá de ellos que los puede liberar de estas cargas. Esto es lo que Dios promete – perdón por nuestros pecados, el amor y el honor en vez de la vergüenza, y poder y fuerza supremo (aunque no revalado completamente en el presente) por nuestro temor y debilidad. Creo que estamos exagerando nuestra posición cuando declaramos que podamos entender todo en el universo y vivir sin la ayuda de Dios. En muchas situaciones, claro, estamos bien. Pero luego surgen esas situaciones donde nos damos cuenta que no podemos resolver todos nuestros problemas, no podemos siempre vivir como debemos, no podemos extender nuestra vida, no podemos enfrentar o resolver los problemas del mundo, no podemos escaparnos de la culpa, vergüenza y temor que nos enfrentan… y de repente, tal vez la idea de creer que hay alguien fuera de nosotros que nos puede ayudar y que tiene todo bajo control no es tan loca.
Ser bueno. Este punto no era originalmente parte del plan por este post, pero ya que mencioné la naturaleza humana más arriba, creo que vale la pena mencionarla aquí. Ya dije que no parece que necesitemos a Dios para ser bueno. Pero creo que tengo que clarificar – este “ser bueno” no es perfecto. Hay muchas personas que son buenas cuando los comparamos con otros. Los identificamos como cariñosos, bondadosos y maravillosos. Y sí, lo son. Pero todos de ellos, si son honestos, van a reconocer que no son tan buenos como parecen. Cualquier persona que haya tratado de “ser bueno” muy rápidamente se da cuenta del egoísmo, orgullo, espíritu crítico, enojo, etc. que reside profundo en nuestro interior. Entre más tratamos de ser bueno, más nos damos cuenta de cuán lejos de buenos de veras somos. Somos, como dice la Biblia, pecaminosos. Y sugiero que cualquier que no reconozca su propia pecaminosidad sea demasiado arrogante o ignorante para entender cuan imperfecto son. Diría que aquí también necesitamos a Dios. Es Dios que nos revela nuestra pecaminosidad y que nos da un deseo de alejarnos de ella. Es Dios que nos ofrece el perdón y el amor a pesar de nuestra pecaminosidad. Es Dios que nos brinda su espíritu para empezar a conquistar el mal en nuestra vida. Y es solamente Dios quien nos puede limpiar del pecado cuando un día lleguemos frente de Él en su gloria. Creemos que es únicamente Él quien puede completar la transformación a “ser bueno” que deseamos.

Entonces ahí está. ¿Necesitamos a Dios? En algunos respetos, no. Pero al final del día, creo que sí lo necesitamos. Lo necesito para explicar y proveer la vida. Lo necesito para mostrarme cómo vivir y para cambiarme para poder vivir de esa manera. Lo necesito para ayudarme en todas esas situaciones demasiadas difíciles o complicadas para mí (bueno, lo necesito en cada situación, pero son las grandes dónde más lo reconozco). Y creo que si miramos más allá de la fachada que presentamos al mundo, todos necesitamos a Dios mucho más de lo que la mayoría quiere confesar.

[1] Vale la pena notar que el cristianismo no tiene como su meta crear “buena gente”, sino salvarnos de nuestros pecados y la  muerte que resulta, y restaurar nuestra relación con Dios. Sin embargo, el resultado de aceptar a Cristo es un corazón cambiado que desea obedecer a Dios. Y esa obediencia debería resultar en un cambio de vida que nos hace “buena gente”.

Do We Still Need God?

Do We Still Need God?

Spanish version

Something’s been bothering me for a while. Quite a while, actually. I’m not sure exactly how to describe it, but I’ll do my best.

I grew up in a household that was very Christian. And I mean that in the best sort of way. I know it kind of seems fashionable to tear apart “traditional” Christianity, but that wasn’t my experience. My family and church life, while not perfect of course, were pretty outstanding. My grandparents and parents are the type of role models I wish everyone had. There were problems in our church, like most, but there were also a lot of godly people and outstanding teaching that didn’t hide from difficult topics. It was thoroughly evangelical and in many cases leaned heavily toward the fundamental branch of Christianity. But it was good. I grew up with a lot of love, lots of opportunity to ask questions, seek answers and grow, and a clear sense of right and wrong and how to live for God.

As part of that upbringing, I have always been taught, and it is the orthodox Christian belief, that people are sinful by nature and therefore separated from God. That they are, in a word, “bad” (sinful). That includes me and every other Christian, of course, lest Christianity sound too condemning of others. The teaching is that we are all sinful and that only with Christ can we actually change and grow and become good people1. That is, it is God living in us and us following his commands that makes us good. But as I have lived longer and observed many people, it has become harder and harder to hold this simplistic view. (I should point out that my view has never been as simplistic as I present it to be here, but putting it in its most basic form helps bring out the struggle I’m feeling.) In short, there are a lot of people who seem to be pretty good people and live pretty good lives, but they do it all without God. Many of them don’t care a bit about God. And when you add this to the scientific advances which seem to be able to explain most of the world without any reference to God, I’ve been left with one startling question that has been bothering me:

Do we even need God anymore?

At a surface level, it seems like humanity and the western world (because I can’t really speak for the rest of the world) are advancing rapidly. We are surrounded by messages affirming that we need to love and accept one another, be supportive, get rid of racism, sexism, and countless other things that are bad. The world is progressing in many respects, with all sorts of cures, problems being resolved, and so on. It is almost impossible to read any sort of social media without finding countless feel-good stories and demonstrations of the goodness of human nature and the progress of humanity. And most of this in a culture that has increasingly turned away from God in general, and Jesus in particular. So again, do we even need God anymore?

Perhaps it’s more helpful to step back from “everyone else” and just look at myself. I think part of the challenge of this question is that we are trying to “judge” (evaluate) others without being able to see what is happening inside of them. Appearances can be deceiving. It’s hard to know what is happening in a person’s heart or what they’re truly like when we only see snippets or hear selected stories. But when I look at me, I am not fooled by the deception of appearances. 

So what do I see in myself? Well, by most standards, I would probably qualify as one of those “good people” I talk about. My work involves helping people. I’m happily married, staying out of trouble, trying to be a good father to my kids. I’m holding down a job and contributing to society – you know, all the stuff we’re supposed to do. And yet, when I look at my own life, I can’t help but identify four key areas where I feel that God is both relevant and completely necessary.

  1. Life. I have spent the past few months absolutely mesmerized by the mystery of life and the question of what comes next. The fact that life exists at all is ridiculous – why should it? The fact that I exist and live is amazing. Why are we here? Why am I here? And where am I going? It is easy to live life without thinking about this, but at some point, most of us are struck by the wonder and absurdity of life. In my case, perhaps it’s because I’ve turned 40 and hit middle age. But regardless of my reason for obsessing over this topic, I’m certainly not alone. The meaning of life has always been one of the basic questions of humanity. Why do we exist?
    My reflections keep bringing me back to God. I cannot buy the concept that “nothing” created everything – especially an everything that is so incredibly complex. Nor can I buy the concept that we are just a continually recycled spirit that goes round and round until it can someday escape this rat race of life. Both concepts strip life of meaning, purpose and value. We don’t matter as individuals – we’re just parts in an uncaring machine. While those who hold to these beliefs might not live this way, I believe that is only because they are not acting consistent with their beliefs. The concepts themselves lead to no other conclusion. Yet everything in me believes and desires to be more than that. And only a God (a personal, supernatural being) seems to offer both an explanation for life and the possibility of life continuing after death. Without God, we will always live with an undercurrent of desperation and meaninglessness, no matter how we try to window-dress it.
  2. Guidance. When we look around us, there is tremendous uncertainty and even conflict about how we ought to live. While science and studies proclaim certain ideas and trends about what is best, they are often just as quickly disputed by other studies. The end result is a bunch of people making up their own rules and guidelines based on whatever foundation they choose. What’s really interesting is the stark contradictions that we see espoused, especially on social media: We ought to love everyone – except all of the people that we shame for various reasons; this is how you ought to live – just ignore my confession that I have no idea what I’m doing in life; #metoo – oh, and don’t forget to support the porn industry, which totally empowers women. It is a truly stunning world of contradiction and self-righteousness. But with God directing us (again, as revealed in the person of Jesus and in the Bible), we have some pretty clear guidelines about what is good and bad, appropriate or not. Now, you can make all sorts of arguments about whether Christians actually do these things or not, and there are some topics that can cause uncertainty still (such as trying to redefine male/female roles in a modern society or how to understand and apply the Biblical teachings on homosexuality), but on the whole, the guidance that the Bible gives for how to relate to God, this world, and each other gives some strong, clear guidelines for how to live. God reveals how things were meant to be and how we are to live. I would argue that the vast majority of people who live “good” lives without God do so based on Scriptural teachings, whether they embrace the God who gave them or not.
  3. Help. No matter how much we may claim to understand about the universe and how competent we are at handling life by ourselves, it is rare to find someone who does not cry out for some sort of help beyond themselves at times. Many in the world still live with regular, daily need for help. And this help isn’t just about physical needs. Many people struggle with deeper issues, such as fear, guilt and shame and need to know that there is someone beyond them who can help free them from these burdens. This is what God promises – forgiveness for our guilt, love and honour for our shame, and ultimate power and strength (though it is not fully revealed in the present) for our fear and weakness. I think we are overplaying our hand when we declare that we can understand everything in the universe and live all by ourselves without any help from God. For many situations, of course, we do just fine. But then those situations arise where we realise that we cannot solve all our problems, we cannot live the way we should all the time, we cannot extend our life, we cannot solve the problems of the world, we cannot escape from the guilt, shame and fear we face… and suddenly, maybe believing that there is someone outside of us who can help and who ultimately has everything under control is not such a crazy idea.
  4. Being Good. This point was not originally part of the plan, but since I mention human nature above, I feel I should at least touch on it here. I have already stated that we don’t seem to need God to be good. But I feel that I should clarify – this goodness is far from perfect. There are many people who are “good” in comparison to others. We identify them as loving, caring, wonderful people. And they are. But all of them, if they are honest and we actually ask, would recognise that they are not as good as they appear. Any person who has truly sought to “be good” quickly becomes aware of the deep selfishness, pride, critical spirit, anger, etc. that reside deep within. While others might not see it, we each see it in ourselves. The more we strive to be good, the more we become aware of how far from good we truly are – we are, as the Bible describes it, sinful. Anyone who does not acknowledge their own sinfulness, I would suggest, is either too arrogant or too ignorant to see how far from perfect they are. I would argue that here, as well, we need God. It is God who reveals our sinfulness, and creates in us a desire to be rid of it. It is God who offers us forgiveness and love despite our sinfulness. It is God who grants us His Spirit to begin to conquer that evil in our lives. And it is only God who one day can cleanse that sinfulness from us when we come face to face with his glory and presence. We believe that it is He alone who can complete the transformation to goodness that we desire.

So there you have it. Do we need God? In some ways, no. But at the end of the day, I find I do need God. I need Him to explain and provide life. I need Him to show me how to live and to change me so I can actually live that way. I need Him to help me in all those situations that are too big for me (actually, I need Him in every situation, but it’s the big ones where I really notice it). And I can’t help but believe that if we can look past the outward facade that we present to the world, we all need God, far more than most people care to admit.

[1] It is worth noting that Christianity is not actually seeking to make “good people”, but to save us from our sins and the resulting death, as well as restoring our relationship with God. The result of accepting Christ, though, is a changed heart which seeks to obey God. And obeying God should result in a change that makes us “good people”.

El centro del universo

El centro del universo

English Version

El otro día, por pura curiosidad, decidí investigar por dónde está el centro del universo. Todos conocemos de los monumentos que se construyen en varios lugares – el centro de Norteamérica, el centro de Canadá o los estados unidos o México (o cualquier otro país), etc. Por alguna razón, hay una fascinación con encontrar y identificar el centro de un lugar. Entonces imagínate mi sorpresa cuando descubrí que, a pesar del consenso científico sobre el principio del mundo (el Big Bang) y su expansión continua, no existe un “centro” del universo! Aparentemente tiene que ver con la curvatura del espacio, y la creación simultánea del espacio y el tiempo y otros conceptos locos. Sea que sea la razón, nunca vamos a poder volar en un nave espacial y encontrar una rótula flotante que dice que hemos llegado al centro del universo. A todos que son adictos a los selfies: Lo siento!

Pero está bien. De veras la pregunta que me estaba motivando no era el centro del universo, sino el centro de nuestra existencia. He llegado a reconocer cuán importante es esta pregunta por nuestra perspectiva de la vida y cómo la vivimos.

Esta pregunta surgió en mi mente mientras que he tratado de entender el concepto del infierno y el juicio de Dios hacia la humanidad. Para ser franco, esto me parece muy injusto a veces, y casi cruel. He luchado para entender cómo Dios puede ser un Dios de amor cuando veo varios pasajes hablando de su ira y juicio. Admito que Dios parece muy enojado a veces. ¿Cómo podemos entender eso?

Dos Cosmovisiones

Como cristiano, creo que el centro de nuestra existencia es Dios. Sin explicar profundamente esta creencia, me parece que un Dios personal y inteligente es la explicación más lógica por un mundo complejo, consciente y moral. Creo que cualquier cosa aparte de Dios (como una fuerza impersonal o nada) es insuficiente para explicar la realidad que nos enfrenta. La mayoría de los cristianos dirían que están de acuerdo con esta idea, pero creo que una mirada más cercana muestra algo diferente.

Hoy en día, vivimos en una sociedad que pone la humanidad o los individuos en el centro de nuestra existencia, y creo que muchos cristianos en Norte América (y aun aquí en México) han incorporado esta perspectiva a sus vidas. Todavía creemos que Dios es soberano, pero ha habido un cambio sutil pero importante en esta perspectiva. Mientras que en tiempos previos la enseñanza de la iglesia era que Dios está sobre todo y la gente existe para servirlo a Él, esto no es lo que veo y escucho ahora. Lo que veo es lo siguiente: La humanidad es la creación más importante de Dios y Dios existe para servirnos a nosotros.

La humanidad en el centro

Anticipo muchos cristianos negando que crean esta idea. Después de todo, no somos Dios y la mayoría de las personas está muy consciente de sus deficiencias. Ni es esta idea sin aspectos de la verdad (sobre todo, nuestro valor). Pero la actitud de muchos cristianos muestra que la fe de muchos está centrada en la humanidad:

  • ¿Cómo puede Dios hacer esto a mí? ¿Por qué me está pasando esto?
  • No es justo que Dios condene a la gente
  • ¿Cómo puede Dios declarar que esto (cualquier cosa) es malo?
  • Jesús amaba a la gente, no importa su vida, y nosotros debemos hacerlo también
  • la humanidad es increíble y y la gente maravillosa
  • Dios solamente quiere que estemos contentos y satisfechos

Como dije, hay mucha verdad en el concepto que mencioné anteriormente (y los comentarios que enumeré), pero también hay decepción. Para verlo, tenemos que mirar cuidadosamente a todo lo que dice la Biblia.

Dios en el centro

Muy pocos cristianos disputarían con el concepto que Dios creó el mundo y la humanidad (a pesar de muchos desacuerdos sobre cómo lo hizo). Y la verdad que se encuentra en la declaración de arriba (tenemos mucho valor y Dios existe para servirnos) es que las personas son la creación más importante de Dios. Él nos creó en su imagen. Este tiene mucho significado y nos confiere mucho valor, seamos cristianos o no. Sin embargo… esto no significa que somos el centro del universo. Aunque Dios creó este universo y mundo con nosotros en mente, eso no significa que nos creó para ser el punto principal del mundo. ÉL es todavía es centro, no nosotros.

Si reflexionamos sobre esta idea, es muy obvio. Individuos no son lo suficientemente importantes para ser el centro de la existencia de todos los demás. Cada persona es muy delicada y lleno de problemas. Pero tampoco es la humanidad lo suficiente importante para ser el centro del universo. Como raza, también somos muy delicados. Aparte de algún tipo de fe, no sabemos de dónde venimos o por qué existimos. Ciertamente no nos creamos a nosotros mismos, y tampoco somos capaces de asegurar nuestra existencia (solo hay que reflexionar sobre todas las películas de desastres que matan a la raza humana). La humanidad, tanto individuos como la raza entera, es muy transitoria.

En las Escrituras, vemos que somos representantes de Dios, no seres divinos. Dios nos creó en su imagen, y luego Él nos dio este mundo para dominar y gobernar. Pero no hay evidencia que abdicó su rol como rey de este mundo – todo lo contrario, de hecho. La Biblia es muy consistente en declarar que Dios es el rey. Nosotros, criaturas delicadas que somos, hemos recibido la posición distinguida de ser sus representantes, participando con Él en gobernar este mundo, pero nunca con la intención de ser el centro de todo.

Pero con el crecimiento del humanismo, este es el error en que muchos hemos caído. Hemos adoptado el valor de la vida humana (que es cierto), pero hemos olvidado que todavía somos subordinados al rey. Hemos llamado a Dios nuestro Padre y aceptado su amor, pero dejado a un lado su rol válido como creador y juez que tiene un plan por este mundo y pautas muy claras por lo que es correcto y incorrecto. Hemos olvidado que Dios no se enfoca solamente en nuestra felicidad, sino que también en formarnos en su imagen (Él es el alfarero, nosotros la barra, una imagen utilizada varias veces en las Escrituras).

Una mirada más cercana

Esta perspectiva centrada en la humanidad afecta a varias esferas de la vida.

  • La naturaleza de la humanidad – este concepto es difícil de explicar, porque el valor de los humanos es una de las mejores cosas que la sociedad occidental ha agarrado del cristianismo (siempre que uno no hable de los abortos o, con más y más frecuencia, los viejos y enfermos). Los humanos son especiales y la gente tiene valor. Pero hay una divergencia entre la perspectiva centrada en la humanidad y la centrada en Dios en cuanto a la fuente de ese valor y el destino de la humanidad. Desde la perspectiva centrada en la humanidad, los humanos se ve como la cúspide de la evolución, pero es un poco confuso por qué tenemos tanto valor. Lo más cerca que puedo averiguar es que somos únicos, diversos y superiores a los “otros animales”. Pero no hay nada ni en nuestra origen ni nuestro destino que implica ningún valor especial. Pero por alguna razón, esta es la perspectiva de nuestra sociedad. Y más, ha habido una brinca de lógica desde la belleza y valor de la humanidad hasta una creencia que la humanidad es bueno de corazón y va mejorando, a pesar de la falta de evidencia por esta idea (sí, en algunos aspectos la situaciones de muchos están mejorando, pero es difícil mostrar que la naturaleza integral de la humanidad ha mejorado). Por otro lado, desde la perspectiva Dios-céntrica la humanidad tiene su valor por ser creados en la imagen de Dios y su destino potencial es la eternidad. Qué impresionante! Sí, somos conscientes de cuán lejos hemos caído de nuestro origen, pero somos especiales de todos modos.
    Hay tensión en cualquier de estas perspectivas, sin duda. La primera (centrada en las personas) lucha para mostrar por qué existe tanta maldad en el mundo se la humanidad es intrínsecamente bueno, o por qué tenemos valor si no somos más que solamente animales inteligentes. La segunda requiere que reconozcamos nuestra imperfección y duda, pero esto es solamente negativo si no logramos de entender que Dios libremente nos extiende brazos de perdón y bienvenido.

    Pregunta clave: ¿Qué es la fuente y destino de la humanidad? ¿Confiere eso un valor individual y corporativo? La respuesta a esta pregunta guiará la mayoría de nuestras creencias sobre la humanidad.

  • El juicio de Dios – uno de los problemas más grandes para mi, como mencioné arriba, es nuestra reacción al rol de Dios como el juez. Cuando vemos a la humanidad como el centro del universo, empezamos a pensar en Dios como alguien enojado y crítico y aun malvado. Nosotros somos humanos pobres y inocentes, tratando lo mejor posible para ser bueno y hacer lo correcto (aunque esto me parece una perspectiva demasiada positiva de la humanidad). Desde esta perspectiva, aun los que no quieren nada que ver con Dios son “buena gente” que merecen el amor y gracia de Dios. Porque Dios solamente existe para servirnos a nosotros, ¿verdad?

    Pero si recordamos que Dios es el centro del universo y vemos cosas desde su perspectiva, la historia es un poco diferente. Esas mismas personas no están tratando de ser mayordomos fieles de Dios y hacer lo correcto – muchos han abandonado por completo a Dios, y la mayoría seguramente no lo está buscando. Muchos no están buscando hacer lo bueno, sino lo que es deseable y cómodo. Él los llama a una cierta manera de vivir, pero ellos deciden escoger lo que ellos quieren obedecer y lo que no. El enfoque de muchos es su propia felicidad, facilidad y comodidad, no el desarrollo de este mundo de acuerdo con las leyes de Dios (leyes que traen vida). Es verdad que muchos de los valores están de acuerdo con las enseñanzas de Dios (después de todo, nuestra cultura se base principalmente por enseñanzas judeocristianas), pero eso no significa que los corazones de personas desean a Dios o sus caminos. Tampoco podemos decir que estos valores son intrínsecos a la humanidad, ya que muchos de ellos no han surgido en otros contextos (o solamente están entrando otras culturas mientras que esas culturas están influenciadas por nuestros valores judeocristianos).

    Cuando entendemos a Dios como el dador de vida quien está buscando guiar a la gente, ayudarnos a navegar esta vida y desarrollar este mundo, entonces el rechazo de Dios a parte de la humanidad parece muy diferente, y su juicio eventual tiene mucho más sentido. Pero aunque Dios constantemente amenaza el juicio (y a veces hace lo que amenaza), siempre es con el deseo de ver a las personas cambiar sus caminos y hacer lo correcto. Es como si dijera, “Esto es lo que podría pasar, pero por favor no me hagas hacerlo!” Constantemente se presenta a Dios buscando a la humanidad, llamándonos y deseando restauración con nosotros. Son los humanos que se presentan como tercos y obstinados.

    Pregunta clave: ¿Cuántos, cuando alguien los lleva a Dios o Jesús, van a responder, y cuántos van a ignorarlo y seguir viviendo como quieren? Si no quieren nada que ver con Dios, ¿por qué declaramos que Dios es injusto juzgarlos en algún momento? Aunque tengo much simpatía por los que están buscando a Dios y tratando de hacer lo correcto (y oro que Dios tenga misericordia de ellos), muchos ni siquiera entran en esa categoría.

  • Nuestra vida – Es muy común ver, sentir y escuchar desesperación sobre las dificultades de la vida. Pero esto es solamente un problema si creemos que Dios existe para servirnos a nosotros. Si entendemos que el deseo de Dios es salvación de un mundo quebrantado y rebelde (ante todo) y formarnos en su imagen (segundo), entonces ni es sorprendente ni incapacitante encontrarse con dificultades. Aunque este mundo puede ser fantástico y divertido, es también temporal y lleno de problemas. Aunque estamos en la imagen de Dios, estamos también muy lejos de lo que Dios nos creó ser. Entonces no debe sorprendernos que pasamos por dificultades. Mientras que no es divertido, cuando tenemos a Dios y sus propósitos en el centro de nuestra vida, las enfrentamos con una actitud completamente diferente. Tal vez no entendemos las razones por las cuales estamos pasando por dificultades o cómo Dios las va a utilizar, pero reconocemos que Dios puede (y va a ) usarlas. La Biblia revela que Dios es completamente por nosotros – Él desea lo que es bueno por nosotros como individuales y como una raza. Pero eso significa que Él quiere que crezcamos y seamos transformados, no estancados, un hecho que automáticamente implica dificultades y desafíos. También significa que Él está dispuesto a darnos nuestra libertad, que incluye tomar malas decisiones que afectan a nosotros o otros, y enfrentarnos con las consecuencias que resultan. Dios siendo “por nosotros” no significa una vide libre de problemas de ninguna manera!

    Pregunta clave: Si el mundo es imperfecto y los humanos no son todo lo que deberíamos ser ¿por qué nos sorprende el sufrimiento? Cuando Jesús y todos sus discípulos aceptaron el sufrimiento como una parte de la voluntad de Dios para su bien y para avanzar su reino, ¿es justo que nosotros esperemos algo diferente?

  • lo correcto y lo incorrecto – con nosotros como el centro, escogemos lo que definimos como correcto y incorrecto. Sin embargo, creo que una valoración justa mostrará que a menudo es la cultura y nuestros sentimientos que dictan nuestras decisiones sobre lo bueno y lo malo. Pero cuando ponemos a Dios en el centro, hay un análisis consistente de lo correcto y lo incorrecto. Seguramente hay algunos pasajes difíciles en la Biblia, pero por lo general es muy claro. Y todos tienen que mantener ese estándar.

    Pero, ¿no deberíamos amar a todos, sin importar su conducta? Sí, pero eso no es la historia completa. Jesús amaba a la gente, es verdad, pero Marcos declara que su mensaje principal era el arrepentimiento (Marcos 1:15) y el mensaje que Jesús entregó a sus discípulos centraba en el mismo mensaje de arrepentimiento y la promesa de perdón (Lucas 24:47). Entonces me parece probable que muchas de las conversaciones que tenía Jesús con los pecadores – con quién comía sin problema – giraran en torno de ese concepto del arrepentimiento. Eso explicaría la reacción de Zaqueo después de conversar con Jesús (Lucas 19) – ¡él arrepintió! Con Dios en el centro, siempre estamos desafiados arrepentirnos de lo malo y agarrar lo bueno, con instrucciones claras sobre qué cabe en cada categoría.

    Pregunta Clave: ¿Son nuestros estándares alternantes de lo bueno y lo malo adecuados para desarrollar y mantener una vida y sociedad saludable? Y de otra linea, ¿cómo podemos juntar el amor que Cristo tenía por la gente con su mensaje de arrepentimiento?

Conclusión

Yo soy el primero confesar que poner a Dios en el centro de nuestra vida es difícil. Quiero estar cómodo. Quiere tener cosas buenas. Quiero que Dios resuelva mis problemas y que Él me bendiga. Quiero que Dios me sirve a mí. La buena noticia es que Dios está a nuestro favor. Él nos quiere y nos trata como sus hijos. La “mala” noticia (que no es mala, solamente difícil) es que Él quiere que estemos a su favor también. Él quiere que lo amemos y que centremos nuestras vidas en Él, y no en nosotros mismos. Él quiere que agarremos nuestro papel divino como sus mayordomos – construyendo, gobernando y restaurando este mundo. Y eso significa poniéndole a Él en el centro, y no a nosotros, y aceptando todo lo que viene junto con eso.

Por el que no cree en Dios, esta idea es una tontería. La humanidad está al pico de la cadena alimentaria y creamos nuestro propio destino. Pero por el cristiano, es completamente diferente. Si Dios (Cristo) es el centro del universo, entonces todo gira en torno a Él. Vivimos esta vida no para nuestra propia satisfacción, sino para participar en su mandato de crear y conservar la vida. Nos levantamos en la mañana buscando entender cómo gobernar y vivir en este mundo de una manera que lo glorifica a Él. Nos enfrentamos a la adversidad con el conocimiento que Dios la está utilizando para formarnos en su imagen. Vemos a nuestra pecaminosidad y la pecaminosidad del mundo como un desvío de lo que Dios quiere, y luchamos contra ella con su ayuda.

En pocas palabras, vivimos para servirle a Él, en vez de demandar que Él nos sirve a nosotros.

The Centre of the Universe

The Centre of the Universe

Versión español

The other day, out of curiosity, I decided to look up where the centre of the universe is. We’ve all seen or heard about the various landmarks in different places – the centre of North America, the Centre of Canada or the U.S. or Mexico (or any other country), etc. There’s something at least mildly interesting about finding the centre of a place. So imagine my surprise when various sources reported that despite there being mass consensus about the universe beginning with a Big Bang, and expanding continuously, there is no centre to the universe! Apparently it has to do with space being curved and space and time coming into existence simultaneously, and other crazy concepts. Whatever the reason, we’re not going to be able to take a spaceship some day and find a floating sign declaring that we have arrived at the centre of the universe. Sorry all you selfie junkies!

But that’s okay. The question behind the search wasn’t really the geographical centre of the universe. The real question is what is the centre of our existence. I have come to realize how significant of a difference this makes in our view of life and how we live.

This question arose in my mind as I have struggled to work through and understand the concept of hell and the judgment of God upon humanity. To be blunt, this seems deeply unfair at times and almost cruel of God. I have struggled how to understand God as a loving God when faced with multiple passages talking about God’s wrath and judgment. I’ll freely admit, God seems pretty angry at times. So what gives?

Two Worldviews

As a Christian, I believe that the centre of our existence is God. Without going into details about the reason for this belief, in short it seems that a personal, intelligent God is the most logical explanation for a complex, conscious, and moral world. I believe anything other than that (an impersonal force or nothing) is inadequate to explain the reality that we see before us. Most Christians would at least claim to hold this belief, but I think a closer examination reveals a different picture.

We presently live in a society which places humanity or individuals as the centre of our existence, and I think that many Christians in North America (and even here in Mexico) have incorporated this view into their life. We still believe that God is “sovereign” over all, but there has been a subtle, but significant, shift. Whereas in prior times the teaching of the church was that God was over all and people existed to serve God, this is no longer what I hear or see. What I see is the following: People are the highest creation of God and God exists to serve us.

People in the Centre

I can anticipate many Christians objecting to this idea. We are not God, after all, and most people are well aware of their shortcomings. Nor is this idea without aspects of truth. But the proof is in the pudding, as they say. Reality in church life shows a tremendous amount of people-centred ideas:

  • how could God do this to me? Why is this happening?
  • it’s not fair for God to condemn people
  • how can God say this is wrong?
  • Jesus just loved people no matter what, and so should we
  • people are so amazing and wonderful
  • God just wants us to be happy and fulfilled

As I said, there is some truth in the concept I mentioned above (and the comments I listed), but there is also deception. To see it, we must look carefully at the full biblical picture.

God in the Centre

Few Christians would argue that God created the world and humanity (despite many disagreements about how He did it). And the truth in the above statement is that people are the highest creation of God. He created us in His image. This is huge and confers tremendous value on each person, whether Christian or not. BUT… this does not mean that we are the centre of the universe. While God created this universe and world for us, this does not mean that He created us to be the main point of the world. HE is still the main point, not us.

If we think about it, this is pretty obvious. Individual humans are certainly not significant enough to be the point of everyone’s existence. We are each rather frail and full of problems. But neither is humanity as a whole significant enough to be the centre of the universe. As a race, we are also extremely frail. Aside from faith, we don’t know where we came from or why we exist. We certainly didn’t bring ourselves into being, nor are we capable of ensuring our existence (just think of the disaster movies that show how susceptible we are to mass extinction from asteroids, etc.). Humanity, both individually and as a whole, is very transitory.

Scripturally, we see that we are representatives of God, not divine beings in and of ourselves. God created us in His image, then turned this world over to us to dominate and rule over. But there’s no evidence that He relinquished his role as king over the world – quite the opposite, in fact. The Bible is pretty consistent in declaring that God is the King. We, frail creatures that we are, are given the distinguished position of his representatives, participating with Him in ruling this world, but never intended to be the centre of it all.

Yet with the growth of humanism, this is the error that we have fallen into. We have embraced the value of human life (true), but forgotten that we are still subservient to the King. We have called God our Father and embraced His love, but set aside His equally valid role as creator and judge who still has a plan for this earth and fairly clear guidelines for what is right and wrong. We have forgotten that God is not focused on our happiness alone, but rather in shaping us and forming us into His image (He is the potter, we are the clay, as Isaiah says).

A Closer Look

This people-centred perspective affects a number of different spheres, mentioned above but amplified here.

  • The nature of people – This is a challenging one, because the value of individuals is one of the greatest things that western society has taken hold of from Christianity (except for the unborn and, increasingly, the old and infirm). People are special and people are valuable. Where the people-centred and God-centred views diverge, however, is in the source of that value and the destiny of humanity. In the people-centred view, humans are seen as the pinnacle of evolution, but it is a bit confusing why we are valuable and special. As near as I can figure out, it is because we are unique, diverse and superior to “other” animals. But there is nothing in either our origin or our destiny that implies any particular value or specialness. Yet somehow this is the view of our society. And what’s more, there has somehow been a leap from the beauty and value of humanity to a belief that humanity is good at heart and getting better, despite a lack of evidence for that (yes, in some regards the situations of many are getting better, but it’s hard to argue that the actual nature of humanity has gotten much better). In the God-centred view, humanity finds its source and potential destiny in God. We are valuable and special because we have been made like God, but we are deeply aware of how far we have fallen (and continually fall) from that potential.There is tension in either of these views, without doubt. The first struggles to show why there is so much evil if humans are so intrinsically good, or why we have value if we are nothing more than intelligent animals. The second requires us to acknowledge our imperfection and guilt, but this is only negative if we fail to understand that God freely holds out forgiving and welcoming arms.Key Question: What is the source and destiny of humanity? Does this actually confer on us individual and corporate value? Our answer to this question will guide most of our beliefs about us as a race.
  • God’s Judgment – one of the biggest problem areas, as I mentioned above, is our reaction to God’s role as judge. When we view humans as the centre of the universe, we begin to see God as angry and judgmental, even evil. We are poor, innocent humans, trying our hardest to be good and do right (although this seems to me to be a rose-coloured glasses view of humanity). In this view, even those who want nothing to do with God are “good people” who deserve God’s love and grace. God exists to serve us and bring us happiness, after all.But if we remember that God is the centre of the universe, and view things from His perspective, the story is a bit different. These same people are not seeking to be faithful stewards of God and to do what is right – many have completely abandoned God, and most are certainly not seeking Him, and most are not seeking to do what is right, rather what is desirable, self-fulfilling and comfortable. He calls them to a certain way of life, and they just choose what they want to obey and what they don’t. The focus of most is their own happiness, ease and comfort, not the development of this world in accordance with God’s laws that bring life. It is true that in our present society, many of those values are in line with God’s teachings (after all, our culture is largely shaped by Judeo-Christian teachings), but that does not mean that people’s hearts desire God or His ways. Nor can we say that these values are intrinsic to humanity, as many of them have not arisen in other contexts (or are only entering other cultures as those cultures are influenced by our Judeo-Christian values).When we understand God as the giver of life who is seeking to guide and lead people, to help us as we seek to navigate this life and develop this world, then the utter rejection by humanity of God looks a lot different, and His eventual judgment makes far more sense. But even though God consistently threatens judgement (and sometimes follows through with it), it is always with a desire to see people change their ways and do what’s right. It’s like he says, “This is what could happen, but please don’t make me do it!” God is consistently presented as seeking out, calling us and desiring restoration. It is humans who are presented as stubborn and obstinate.

    Key Question: How many, when pointed to God or Jesus, will actually respond, and how many will shrug it off and keep doing things their way? If they want nothing to do with God, why do we try to declare that God is unfair to judge them some day? While I have particular sympathy for those who are trying to find God and seek what is right (and I pray God has mercy on them), many do not fall even into this category.

  • Our life – it is very common to see, feel and hear despair over the difficulties of life. Yet this is only a problem if we believe that God is here to serve us. If we understand that God’s desire is our salvation from a broken and rebellious world (first and foremost) and to make us into His image (secondly), then it is neither surprising nor crippling to encounter difficulties. While this world can be fantastic and fun, it is temporary. While we are made in God’s image, we are far from what God created us to be. So it should not be a surprise that we go through difficulties. While not enjoyable, when we have God and His purposes at the centre of our life, we face them with a totally different attitude. We might not understand the specifics of why we are passing through difficulties or how God is going to use it, but we recognize that God can and will use it. The Bible reveals that God is completely for us – He desires what is good for us individually and as a race. But that means He wants us to grow and be transformed, not stagnant, a fact which automatically implies difficulties and challenges. It also means He is willing to give us our freedom, which includes making poor decisions that affect us or others, and facing the resultant consequences. God being “for us” does not mean a life free from problems by any stretch!Key Questions: If many have no desire to do what is right, and even those of us who do desire to do good struggle, why are we surprised by suffering? When Jesus and all the disciples took on suffering as part of the will of God for their good and to advance His kingdom, is it fair of us to expect any less?
  • right and wrong – with us at the centre, we pick and choose what we want to do and what feels or seems good and right. But I believe a fair appraisal will show that our choices are most often dictated by the culture around us or what feels convenient or comfortable. When we put God at the centre, however, there is a fairly consistent analysis of right and wrong. I freely admit there are some passages that are difficult, but on the whole it’s pretty clear. And all people are held to that standard.But aren’t we to love all people, no matter what? Yes, but that’s not the whole story. Jesus loved people, it’s true, but since Mark declares that his primary message was repentance (Mark 1:15), and the message Jesus gave his disciples to preach centred around the same call to repentance and the promise of forgiveness (Luke 24:47), I suspect many of Jesus conversations with sinners – whom he gladly ate with – centred around this concept of repentance. This would certainly explain the reaction of Zacchaeus after talking with Jesus (Luke 19). With God at the centre, we are constantly challenged to repent of the wrong and seize the right, with clear instructions on what falls in each category.Key Questions: Are our individual and shifting standards of right and wrong really adequate for developing and maintaining a healthy life and society? What does it look like to blend Christ’s obvious love for people with his declared message of repentance?

Conclusion

I’ll be the first to admit that making God the centre of our world is tough. I want to be comfortable. I want to have good things. I want God to solve my problems and I want Him to bless me. I want God to serve me. The good news is that God is for us. He loves us and treats us as His children. The “bad” news (which isn’t bad, just difficult) is that He wants us to be for Him as He is for us. He wants us to love Him and centre our lives on Him, not on ourselves. He wants us to take up our divine role as His stewards, building, governing and restoring this world. And that means putting Him in the centre, not us, and accepting all that comes with that.

For the non-Christian or one who doesn’t believe in God, this idea is foolish. Humanity is at the top of the food chain and we make our own destiny. But for the Christian, it is entirely different. If God (Christ) is the centre of the universe, then everything revolves around Him. We live this life not for our own happiness or satisfaction, but to participate in the mandate to create and uphold life. We awake in the morning seeking to know how to govern and live in this world in a way that glorifies God. We face adversity knowing that God is using it to shape us. We view our own sinfulness and the sinfulness of the world as a deviation from what God intended and fight against it with His help.

In short, we live to serve Him, instead of demanding that He serve us.

¿Es el amor de veras suficiente?

¿Es el amor de veras suficiente?

English version

“All you need is love!” (Todo lo que necesitas es el amor!)

Así declaran Paul McCartney, Ringo Starr, George Harrison y John Lennon, mejores conocidos como “the Beatles”. Es una canción muy contagiosa que pega en la mente. Y parece que es el lema de nuestro tiempo.

No lleva mucho tiempo para descubrir este mensaje en la cultura. La Mujer Maravilla lo tenía. Al final (alerta: voy a explicar el final de la película por si a caso no la has visto!), a pesar de una explicación muy correcta de la maldad presente en la humanidad, ella declara que cree en la humanidad. ¿Por qué? Por el amor y la capacidad humana de amar. Podría hacer una lista larga de películas, canciones y libros que hablan de nuestra necesidad de amar y que debemos ser gente de amor. Se lo encuentra en toda la cultura popular – si solamente amáramos mejor, aceptáramos a otras personas por quienes son y trabajáramos juntos, entonces la vida sería muy genial. “Somos una gente, y deberíamos amarnos el uno al otro”.

Ahora, claro, estoy de acuerdo con todo esto. Deberíamos amarnos el uno al otro más. Somos iguales en valor. Deberíamos aceptar a otras personas (aunque “aceptar” y “estar de acuerdo con” no son el mismo). El amor es la fuerza más poderosa del universo y podría cambiar el mundo. En algún sentido es cierto – todo lo que necesitamos es el amor!

Desafortunadamente, somos muy malos con el amor.

Ahora, no quiero pintar un cuadro que no es justo o negar la realidad. Claro que la gente es capaz de amar. Y hay muchos ejemplos del amor. Somos (generalmente) buenos para amar a nuestra familia. Somos (generalmente) buenos para amar a nuestros hijos. Somos (generalmente) buenos para ser corteses y respetuosos durante nuestras interacciones cotidianas con otras personas. Somos (generalmente) buenos para amar a otros desde lejos, personas que están de acuerdo con nosotros, personas que nos tratan bien y personas que alinean con nuestras creencias y causas. Y podemos mostrar gestos dramáticos de amor por nuestros seres amados o en momentos de crisis. Entonces estamos capaces de amar y aun de un sentir un amor muy profundo y apasionado.

Lamentablemente, la vida no consiste de momentos de crisis y gestos dramáticos y personas que son fáciles de amar. La vida consiste de todos nosotros. Y cuando extendemos más allá de nuestra situación cómoda, el grado de amor que mostramos declina dramáticamente. Amamos a nuestros hijos, pero no al maestro que los trata injustamente, el bully que los está molestando o el patrón que no les da las horas que necesitan para sobrevivir. Amamos a nuestros prójimos – hasta que son inconvenientes o interfieren con nuestra paz y comodidad. Amamos a los pobres, siempre que solamente tengamos que sacrificar un poco para ayudarlos. Amamos a otras personas, a menos que no estén de acuerdo con nosotros políticamente o filosóficamente. Amamos a nuestros esposos o parejas con pasión, pero no siempre prácticamente. ¿Una cena bonita? ¿Una película? ¿Una escapada romántica? Claro!! ¿Levantar la ropa sucia? ¿Mostrar respeto y paciencia? ¿Perdonar una ofensa pequeña? No tan fácilmente. Amamos en un momento de crisis (un temblor, un muerte, un tiroteo, etc.), y luego se nos olvida y seguimos con nuestra vida lo más pronto posible.

Como dije, no quiero pintar un cuadro demasiado dramático, pero quiero mostrar lo obvio – no somos tan buenos en el amor como pensamos. Reflexiona sobre las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué tan bueno amas a otros cuando estás cansado, estresado o no tienes motivación?
  2. ¿Qué tan bueno muestras amor a los que no están de acuerdo contigo?
  3. ¿Cuán rápido puedes perdonar a los que te ofenden? ¿O que te lastiman profundamente?
  4. ¿Cada cuánto de veras sabes lo mejor por alguien más, y cada cuánto nada más sigues la tendencia de la sociedad o adivinas a lo que es mejor? En otras palabras, es tu amor hacia ellos amor verdadero, o resulta en lastimarlos por accidente?
  5. ¿Cuán listo estás para sacrificar por otros para mostrar el amor? Y estoy hablando de un sacrificio verdadero – dejar de ir a restaurantes para dar dinero a los vagabundos en tu comunidad, o dejar tu propio plan por la noche para hacer lo que tu espos@ quiere hacer?

Mi punto (sobre todo con la última pregunta) no es culparte para hacer algo, o decir que nunca debes pensar en ti mismo. Hay que encontrar un balance entre cuidarte a ti mismo (ser sano) y sacrificarse por otros. Ni es mi deseo denigrar la idea del amor. Creo que “the Beatles” tenían sentido cuando cantaban que sólo necesitamos el amor. Es solamente que creo que necesitamos un poco de ayuda para amar, y amar bien. Y estoy más o menos seguro que yo sé por dónde buscar esa ayuda.

En la Biblia, encontramos una frase corta pero interesante: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). También encontramos una de las descripciones más hermosas del amor (1 Corintios 13:1-8, 13), una descripción del poder del amor (Cantares 8:6-7), y el mejor ejemplo del amor en la persona de Jesús, quien vivió una vida de amor y luego estaba preparada morir por nosotros para restablecer nuestra conexión con Dios.

Pero hoy en día, hemos desconectado el amor y Dios. Hemos hecho el amor nuestra meta, sin reconocer que no somos muy aptos en identificar el tipo de comportamiento que muestra el amor, y que solamente tenemos éxito en eso a veces – sobre todo hacia aquellos que son difíciles de amar. Además, el amor, siendo en su turno un concepto, un sentimiento o un verbo, no es algo que podemos capturar o agarrar muy firmemente. Es escurridizo, fácilmente descaminado y a menudo mal informado. Es una amante inconstante. Sobre todo cuando está guiado por nuestro corazón, sobre el cual el profeta Jeremías dice, “nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio” (Jeremías 17:9). En la misma manera que tendemos a pensar que el amor es la respuesta a todo, igual pensamos que somos lo suficientemente buenos para entenderlo y guiarlo en la dirección que debería ir. Hay una buena razón por la cual Jesús mismo dijo, “Nadie es bueno sino sólo Dios” (Marcos 10:16). Aunque a veces amamos bien, a menudo no lo hacemos. Necesitamos ayuda.

Entonces ¿por dónde la encontramos? Creo que no existe ninguna fuente mejor que Dios mismo, quien es amor y la fuente de todo amor. No hay mejor ejemplo que Jesús, quien nos modeló el amor (aun hacia los difíciles y cuando le costó muchísimo), y quien nos ofrece el amor incondicional que anhelamos. No existe ninguna guía mejor que la Biblia, que nos muestra qué Dios ama y cómo debería ser el amor, en vez de lo que las ideas inconstantes de nuestra cultura tratan de decirnos. No existe un poder mejor que el Espíritu Santo, Cristo mismo viviendo dentro de nosotros, para ayudarnos a amar cuando es imposible hacerlo por nuestra propia fuerza.

El cristianismo siempre se ha definido por su amor. En diferentes lugares y tiempos, los seguidores de Cristo han olvidado eso, se han desviado por la cultura, han fallado y han modelado muchas cosas que no son el amor. Y a veces, aun con la ayuda de Dios, es difícil sabor como amar bien. Pero en Dios (más específicamente, en Cristo) tenemos la fuente, el ejemplo, la guía y el poder para poder vivir vidas de amor.

Si tú, como muchos otros, anhelas que nuestro mundo sea un lugar del amor, te animo a establecer esa conexión con Jesús, o (si ya eres cristiano) examinar cuidadosamente tu vida en la luz de su ejemplo y dirección.

El amor es todo lo que necesitamos. Siempre que entendamos que “el amor” es “Dios”.

 

Wallpaper gracias a Analaurasam.
https://analaurasam.deviantart.com/art/wallpaper-all-you-need-is-love-388228814

Is Love Really Enough?

Is Love Really Enough?

Versión español

“All you need is love!”

So declare Paul McCartney, Ringo Starr, George Harrison and John Lennon, otherwise known as the Beatles. It’s a catchy little song that sticks in your head – sometimes for way too long. And it seems like it is the slogan of our age.

It takes very little time or energy to discover this message. Wonder Woman highlighted it. At the end, (spoiler alert for the few of you who haven’t seen it…) despite very accurately summarizing the evil present in humanity, she declares that she believes in humanity. Why? Because of love. I could come up with an entire list of movies, songs and books that espouse our need to love, and that we should be people of love. It is all over the popular culture – if only we would love each other more, accept them for who they are, work together, then life would be great. We are all one people, and should love one another.

Now of course, I totally agree with this. We should love each other more. We are all equal. We ought to accept people (although accept and agree with are not necessarily the same). Love is the most powerful force in the universe and it could totally change the world. In some sense, it is all we need.

Unfortunately, we are terrible at love.

Now, I don’t want to paint too unfair of a picture or deny reality. Of course people are capable of love. And there are tons of different examples of love. We are (generally) good at loving our families. We are (generally) good at loving our kids. We are (generally) good at being polite and respectful in everyday interactions with people. We are (generally) good at loving people from a distance, people who agree with us, people who treat us well and people who align with our own beliefs and causes. And we can be especially good at dramatic gestures of love for our loved ones or in moments of crisis. So we are definitely capable of love and even of deep, passionate love.

Unfortunately, life is not made up of moments of crisis, dramatic gestures, and people that are easy to love. Life is made up of all of us. And once we extend beyond our small world of ease, the degree of love that we show decreases dramatically. We love our kids, but not the teacher who treats them unfairly, the bully who is harassing them, or the employer who won’t give them the hours they need to survive. We love our neighbours and the people on the street – until they are an inconvenience to us or interfere with our peace and comfort. We love the poor, as long as we only have to sacrifice minimally to help them. We love other people, unless they disagree with us politically or philosophically. We love our spouses or significant others passionately, but not always practically. Dinner? Movie? Romantic getaway? Great! Pick up the clothes? Help with the cleaning? Forgive a minor offence? Not so easy. We love deeply in a moment of crisis (earthquake, death, shootings, etc.), then forget and carry on with our life as soon as possible.

As I said, I don’t want to paint too dramatic of a picture, but I also want to point out the obvious – we are not as good at love as we think we are. Consider the following questions:

  1. How well do you love people when you are tired, stressed or unmotivated to do so?
  2. How well do you love those who disagree with you?
  3. How quickly can you forgive and love those who offend you? Or who hurt you deeply?
  4. How often do you really know what is best for someone else and how often do you just follow the trends of society or guess at what is best? In other words, is your love for them actually love, or does it accidentally end up harming them?
  5. How willing are you to sacrifice for others to show love? I mean really sacrifice – give up eating out to help feed the homeless in your community, set aside your agenda for the evening to let your spouse/partner do what they want, etc.?

My point (especially with that last one) is not to make you feel overwhelmingly guilty, or to argue that you should never think of yourself. There is a balance to find between taking care of yourself (being healthy) and sacrificing for others. Nor is it my desire to belittle the idea of love. I do think that the Beatles were onto something when they sang that all we need is love. It’s just that I think we need some help to love, and to love well. And I’m pretty confident that I know where to look.

In the Bible we find an interesting little comment: “God is love” (1 John 4:8). We also find one of the most beautiful descriptions of love (1 Corinthians 13:1-8, 13), a description of the power of love (Song of Songs 8:6-7), and the best example of love in Jesus, who lived a life of love and then was willing to die for us to restore our connection with God.

What has happened, though, is that we have disconnected love from God. We have made love our goal, not recognizing that we’re not very good at identifying what is loving behaviour and only sporadically successful at showing love to others – especially those who are difficult to love. What’s more, love, being alternately a concept, a feeling or a verb, is not something that we can easily capture or hold onto. It is elusive, easily misguided and often misinformed. It is a fickle mistress. Especially when guided by our heart, which Jeremiah accurately describes as “deceitful above all things and beyond cure” (Jer. 17:9). Just as we tend to think love by itself is the answer, so we think that we are good enough to understand and guide it in the way it should go. There is a good reason that Jesus himself said, “No one is good – except God alone” (Mark 10:18). Although we do get love right at times, we very often do not. We need help.

So where do we turn? I think there is no better source than God himself, who is love and the source of love. There is no better example than Jesus Christ, who modelled love (even for the difficult and even when it cost him tremendously) and offers to us that unconditional love that we long for. There is no better guide than the Bible, which shows us what God loves and what love should look like, rather than what the shifting sands of culture try to tell us. There is no better power than the Holy Spirit, Christ himself living in us, to help us to love when we find it impossible to do so ourselves.

Christianity has always been defined by its love. In different times and places, followers of Christ have forgotten that, got sidetracked by culture, failed and modelled anything but love. And at times, even with God’s guidance, it is difficult to know how to love well. But in God (more specifically, in Christ), we have the source, the example, the guide and the power to live lives of love. If we pursue Him, we get love. If we pursue love, we end up all over the place.

So if you, like so many, long for our world to be a place of love, I encourage you to establish that connection with Jesus or (if you are already a Christian) to look closely at your life in light of his example and guidance.

Love truly is all we need. As long as we understand “love” to be “God”.

Wallpaper courtesy of Analaurasam.
https://analaurasam.deviantart.com/art/wallpaper-all-you-need-is-love-388228814

 

So We Changed the Anthem…

So We Changed the Anthem…

Una nota por mis amigos que hablan español: Ya que este artículo trata con un tema muy específica de Canadá, y en parte con un asunto particular de la idioma inglés, no voy a traducir este post a español.

So as of this past week, the Canadian national anthem has officially been changed, with a desire to make it “gender neutral”. While this change hasn’t elicited as much response as I had expected, I have seen some people posting complaints about it, while others are celebrating it. Both the change and people’s response to it kind of intrigue me, so I thought I would add a few thoughts to the discussion. Hopefully this will be a balanced approach that both sides can benefit from.

Note: For those who haven’t heard, the change occurs in the fourth line, where “In all thy sons command” was changed to “in all of us command”.

  1. Change is hard. Since 1914, Canadians have been singing the current version of O Canada. That means that most people presently alive have only sung the anthem as it was before this change. Tradition is a strong thing, and for many, the change feels completely unnatural. Although some people have rightly pointed out that the original song adopted in 1908 used the line “thou dost in us command”, I don’t know if anybody now alive ever sang that. Messing with something aswell-known as our national anthem is going to produce an emotional reaction. So if you happen to agree with this change, show compassion and grace to those who don’t. For many, it simply doesn’t sound right.
  2. It’s not oppressive! Another reason for or against the change is the “patriarchal” language. In other words “sons” refers to all of us, just as mankind does, etc. The language uses the male figure to refer to everyone. Some find this offensive or not inclusive. Some even argue that the entire patriarchal system and language is oppressive. While I don’t disagree that women have been abused and oppressed at times (more than many care to admit, but less than others try to make it seem), I think an automatic equation of patriarchal language with oppression is over the top and unfortunate. For most, this was simply the language used. Throughout history and various (most?) cultures, the male-dominated society simply made sense and seemed natural. Men are generally stronger and in a survival society, they automatically focused more on the tasks that were more physically demanding (warfare and working the fields among them). Women are the only ones who can physically have and nurse kids, and since families often needed to have lots of kids (many would die young, and they were the parents’ old-age security), the women cared for them and the household. It made sense. And the culture and language developed from there. So please step down a bit from automatically equating patriarchal language with oppression. Oppression happened (and sometimes still happens), but for most people, it’s just the way the language was used, and many see no need to change it.
  3. But language and times change. That being said, the culture has changed, and language is bound to change with it. I have heard a variety of women, from little girls to much older ones, question where they fit in comments that use male language. We do live in a different time, and while some might think that change is not beneficial (a much larger topic), I’m personally okay with it. Those who wish the anthem would stay the same need to recognize that some people honestly feel like it doesn’t include them. If the purpose of the line in the song is to refer to all of us (which it obviously is), why is it a big deal to adjust it so that everyone feels comfortable? Let’s put it this way – if we had been singing “in all of us command” for the past 100 years, nobody would even be fazed about it. It’s not a big deal – the bigger issue is just that it sounds strange, or it’s being changed and we don’t like it, or that some feel it’s not really necessary and that people just need to understand that’s how the language works! But that’s the rub – if that’s not how the language and culture actually work anymore, maybe we do need to change it.
  4. It doesn’t sound as good. From a purely linguistic and poetic point of view, I think the old way sounds better than the new way. “thy sons” just sounds more poetic than “of us”. But I recognize that part of that is just that I’m used to singing it that way. Also, as I mentioned before, if we had been singing it that way for the last 100 years, we wouldn’t even think about it.
  5. But it is clearer. I’ll admit, until a couple of years ago, I had never really thought through the entire anthem carefully. The result? I was hearing “sons” as a possessive, not as a plural. I was hearing “in all thy sons’ command” or, in other words, that our sons (all of us as Canadians) were commanding something – I just never really thought about what they were commanding. It wasn’t until I really read it carefully and thought about it that I realized that we weren’t commanding anything, but Canada was commanding true, patriotic love in (or from) all of us. Oops. I’m curious how many others have made that mistake. The new way just sort of eliminates that confusion.

So, in 5, 20, or 50 years, how much will this matter? I anticipate our kids will grow up learning the new way and never give it another thought. Do we need to argue to keep language the same, even when people don’t identify with it the same way that they did? I don’t think so, even though I will probably end up singing it the old way most of the time without thinking about it. It’s just deeply engrained in me by now.

So, if you love the change, sing it the new way, but recognize that change is hard for many people and many honestly (without being oppressive or oppressed) feel like it’s unnecessary. Either way, be patient with them. The change is made, and it will gradually be adopted.

If you hate the change, realized that it’s not a conspiracy! Our culture has changed, and many people feel awkward singing it as it was written or even feel excluded. It is what it is. Learning the new way won’t hurt anyone in the long run, even you. And if you keep singing it the old way, either because “that’s the way it’s always been” or because “we didn’t need to change it” or even just because you don’t like it as much, so be it. Just please don’t be belligerent about it. There is not actually anything wrong with the change, and no matter what the official language is and the law says, it will take a long time for the new wording to become popular and accepted. Just like switching to the metric system, right? It hasn’t hurt anybody, now we’re used to it, and for the most part, it’s just the way it is.

Whatever the specific words we might use, we are all still Canadians. That is the focus.